EL ESPEJO DE LA AMISTAD

El viernes pasado se cumplieron quince años de una de las mayores movilizaciones populares que se han producido en España. El 15 de Mayo de 2011 centenares de miles de personas ocuparon las calles para protestar de manera pacífica por los recortes del gobierno de Zapatero, la corrupción galopante, la precariedad en el empleo, la dictadura  financiera de los bancos y el colapso del bipartidismo. Además, reclamaban una democracia más participativa y, no se lo pierdan, una mayor división de poderes. 

Mirando hacia atrás, esta última reivindicación resulta asombrosa. El resultado más notorio de aquellas concentraciones, que derivaron en largas acampadas en nuestras plazas, fue el nacimiento de Podemos, un partido político que, ya desde sus inicios, manifestaba la misma fe en la separación de poderes que yo en la resurrección de Elvis Presley. Hoy, Podemos se ha transformado en una pequeña empresa de trabajo temporal, de carácter familiar. Su CEO, Irene Montero, y la gerente, Ione Belarra, ofrecen contratos de cuatro años de duración para sus más allegados, que tampoco son muchos. 

He de confesar que yo fui de los que se asustaron por el rápido crecimiento de los apoyos a este neocomunismo —camuflado de populismo de izquierdas— que tanta miseria y represión ha llevado a otros lugares del mundo. Recuerdo que un buen amigo —unas de las personas más cultas e inteligentes que he conocido, y que ya falleció— se mofaba de mí con cariño en aquellos años: «ponte tranquilo, Jose. Es una ola, y como todas, pasará».

Mi amigo Paco acertó, pero sólo en parte. La ola de indignación se rompió contra el dique de una realidad mucho más compleja de lo que cabe en una pancarta, pero, a su paso, dejó algunos daños de difícil reparación. En mi opinión, uno de los principales estropicios causados por el 15M es el poso de rencor social que quedó instalado en una parte no menor de la ciudadanía. Es cierto que, muchos de los indignados a los que inocularon ese virus, se han curado. El antídoto ha funcionado al ver, por ejemplo, cómo algunos de aquellos líderes solucionaron en poco tiempo el problema de la vivienda. Me refiero al suyo, no al del resto de los españoles. 

Se ha de reconocer que España es un país de tierra fértil para que crezca ese resentimiento. Decía Jorge Luis Borges que «el tema de la envidia es muy español, y que los españoles siempre están pensando en la envidia». El rencor y la envidia son primos hermanos, emociones tóxicas que envenenan las relaciones y se alimentan una a la otra. Se genera así un bucle enfermizo con manifestaciones patológicas. En España, hay personas que se ciscan en Amancio Ortega por haber donado cerca de mil millones de euros a nuestra sanidad pública. Lo desprecian porque eso es «dar limosna, caridad de rico».

A pesar de este sindiós, no todo está perdido. Un día antes del aniversario del 15M, este digital distinguió como Personaje Mallorcadiario 2026 a un buen amigo de Amancio Ortega. Miguel Fluxá Roselló también es multimillonario, como el dueño de Inditex. La trayectoria profesional del presidente del Grupo Iberostar es una enmienda a la totalidad de esa ideología que, para beneficio exclusivo de sus profetas, trata de extender el resentimiento social. La obra que ha levantado Fluxá a lo largo de su vida demuestra que es posible una visión humanista de la empresa basada en la creación de empleo estable, la formación continua y las retribuciones dignas. 40.000 familias en todo el mundo pueden dar fe de ello. 

Y ya que hablamos de amigos, alguien dijo que «si quieres formar un juicio acerca de un hombre, observa sus amistades». Sobre todo en España, añado, y mucho más si hablamos de una persona de éxito. Por eso mismo, llama la atención la legión de amigos que quieren y admiran a Miguel Fluxá y, sobre todo, la antigüedad de la mayoría de ellos. Benjamin Franklin afirmaba que «había que tomarse tiempo en escoger a los amigos, pero había que ser aún más lento en cambiarlos». Por lo que pudimos ver el jueves en las renovadas instalaciones del Club de Mar, en Palma, Miguel Fluxá no es que haya sido lento, es que no los ha cambiado en décadas. Mal que les pese a los envidiosos, eso dice mucho de su calidad humana, como mínimo a la altura de sus logros empresariales.

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