TODO SE PEGA, MENOS LA HERMOSURA 

Yo estuve allí. Quizá aún sea pronto, pero en unos años se estamparán camisetas con esa leyenda para los que, en abril de 2017, asistimos a la charla que Zapatero dio en Calviá dentro del Smart Island World Congress. Inolvidable, como la caída del muro de Berlín, o el último concierto de Freddy Mercury. El mundo está cambiando, la globalización es imparable, Mallorca es una isla maravillosa, crisis significa oportunidad, y en este plan. Media hora de obviedades pronunciadas en un tono campanudo, aderezadas con esos silencios que hacen presagiar el advenimiento de una idea deslumbrante. Pero nada. El expresidente siguió hablando desde la tribuna mientras corría el tiempo. Cuando terminó de contar nubes, el taxímetro marcaba 30.000 euros. 

A mí no me parecieron mal esos honorarios, excepto por el detalle insignificante de que algunos de los principales patrocinadores del evento eran instituciones gobernadas por el PSOE, partido en el que militaba, y aún milita, el vendedor de crecepelo que aquel día nos aburrió a todos con su intervención hueca y soporífera. Qué hubiéramos dicho si, apenas dos años antes, el Govern de José Ramón Bauzá hubiera financiado una charla de José María Aznar con esa misma retribución económica. Probablemente, hubiera intervenido la Fiscalía Anticorrupción, al menos para preguntar por los pormenores del bolo. 

El caso es que Zapatero se lo llevó crudo aquel día y —las vueltas que da la vida— se volvió rápido a la península para apoyar a Susana Díaz en un acto de las primarias que le enfrentaban a Pedro Sánchez. Ya digo que a mí no me escandalizó el caché de Zapatero. El sueldo de un presidente del Gobierno en España es una broma. Hay centenares de funcionarios y cargos públicos que ganan más que el inquilino de La Moncloa. Y ya no digamos si lo comparamos con los salarios de primeros ministros de países de nuestro entorno. No tengo problema en que, quienes han ocupado tan alta responsabilidad, al abandonar el cargo se ganen bien la vida, o muy bien. Además, lo hacen todos los expresidentes, aunque ninguno sea tan buen orador como Obama

A mí la ceja se me levantó no mucho tiempo después de que se celebrara aquel foro turístico. Pasaba la medianoche cuando recibí una llamada de teléfono de mi padre. Nunca me llama tan tarde, así que pensé que había pasado algo grave. No lo era, aunque años después hemos descubierto que sí lo era. Esa noche, mis padres regresaban de cenar con una pareja de amigos, cuyo hijo era un altísimo directivo de Air Europa.

Mi padre me contó, estupefacto, que, en mitad de la cena, a su amigo se le había escapado algo que sabían por boca de su hijo: Zapatero estaba trabajando para Air Europa, haciendo gestiones con el gobierno de Venezuela para intentar cobrar una cantidad millonaria que les debían. Mi padre supo que al buen hombre se le había escapado el comentario porque, de inmediato, recibió una patada de su mujer por debajo de la mesa que le hizo saltar de la silla. Ya digo que aún faltaban muchos años para que oyéramos por primera vez el nombre de Víctor de Aldama, un señor que, hace unos meses, confirmó ante un juez de la Audiencia Nacional esas gestiones de Zapatero. 

Mi primera reacción al escuchar a mi padre fue de incredulidad. ¿Cómo un hombre que se puede pasear por el mundo dando charlas a 30.000 euros se va a meter a «cobrador del frac» de una empresa española, y menos ante una dictadura? Tuve que vencer mi recelo inicial, por dos motivos. El primero, la fuente de esa información, un ejecutivo de la máxima confianza de la familia Hidalgo, propietaria de la aerolínea. El segundo, que siempre había pensado en Zapatero como un hombre de escasas luces. Si en España había un expresidente capaz de meterse en semejante «fregao», ese era José Luis

Comenté la anécdota como uno de los periodistas de investigación más famosos de este país, al que conocía hace años, y que lleva tiempo publicando exclusivas sobre el caso Plus Ultra. Como entonces no publicó nada, pensé: Too big to fail, demasiado grande para caer. Además, aunque innecesario, en España tampoco sería ilegal que Zapatero defendiera los intereses de una empresa española en el extranjero. Cosa distinta fue dedicarse a blanquear a un régimen sanguinario como el de Nicolás Maduro. Y, aún peor, influir en el giro diplomático del Gobierno de España respecto la dictadura chavista. 

Me vengo a referir a que mucha gente en este país sabíamos desde hace tiempo a qué se dedicaba el faro moral del PSOE. Y nos temimos que algo gordo podía suceder cuando intervinieran las agencias de Estados Unidos que persiguen el crimen organizado. No tengo espacio para escribir sobre China, Marruecos y el Grupo de Puebla, creado en julio de 2019, cuando Zapatero empezaba a ser íntimo de Delcy. Un puñado de sus fundadores, como Cristina Kichner, Rafael Correa, Evo Morales o Jorge Glas, entre otros, ya han sido condenados por corrupción. Dicen que todo se pega, menos la hermosura. 

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