LA ESTÉTICA IMPORTA

Ya está escrito que la democracia es algo más que votar. Es el imperio de la Ley, y nada ni nadie está por encima de ella. De ese trabajo se encargan los jueces, y por eso conviene no mangonear demasiado con sus nombramientos. Es la separación de poderes y la independencia del Poder Judicial como pilares fundamentales de las democracias liberales. La última lección al respecto nos la han tenido que dar desde la Comisión Europea. Pero hay más, que no está escrito. 

En la democracia también cuenta la estética. Y no precisamente para salir guapo en la televisión. La ley habilita al Gobierno de España para nombrar al Fiscal General del Estado entre los miembros de la fiscalía que cumplan una serie de requisitos. Eso no quiere decir que el Fiscal General esté subordinado jerárquicamente al ejecutivo ni que deba trabajar para él, sino que debe actuar en favor del interés general. Por eso es legal, pero feo, nombrar para ese cargo a una persona que sale directamente del Consejo de Ministros. No es estético. 

Los dos grupos parlamentarios que apoyan la acción del ejecutivo pueden presentar una proposición de ley para rebajar la mayoría cualificada que se requiere para renovar el órgano de gobierno de los jueces. Aunque el Tribunal Constitucional sentenciara en unos años que esa reforma va contra el espíritu de nuestra Carta Magna, la iniciativa parlamentaria es lícita, pero fea. Y mucho más teniendo en cuenta que a Podemos se le escapó un papel no hace tanto en el que decía que jueces y fiscales deben estar alineados con el programa de gobierno. Hasta las asociaciones progresistas de jueces y fiscales se echaron las manos a la cabeza. Se armó tal escándalo que metieron el papel en un cajón, pero fue feo. Otra vez la estética. 

El Presidente del Gobierno está facultado para decretar un estado de alarma por quince días, y seguidamente solicitar una prórroga del mismo por seis meses. Sobre esta prórroga expertos constitucionalistas de reconocido prestigio -con nombres y apellidos, no como los anónimos del Ministerio de Sanidad- se dividen en dos grupos: los que dudan sobre su encaje constitucional y los que afirman que es una aberración jurídica que violenta claramente el espíritu de nuestra Ley Fundamental. Por eso lo que ha hecho Sánchez es feo. No es estético, y mucho menos teniendo en cuenta que es el Presidente con los apoyos parlamentarios más endebles de la historia de nuestra democracia. A pesar de ello se conduce como Nerón en el Senado de Roma. 

Ultimamente, cuando paseo al perro hablo con una chica que trabaja en unos grandes almacenes, con otra que regenta un sex-shop, con un chico que tiene una tienda de ropa, y con otro que está en el paro. Con este exiguo muestreo social he llegado a una conclusión clara: en general, la gente no tiene ni puta idea de Derecho Constitucional, algo por otra parte completamente lógico. Estoy convencido que a esta misma conclusión han llegado Pedro Sánchez y su publicista, convencidos además que la tropa es incapaz de leer más allá de un tuit, o el titular de un digital. 

El estado de alarma conlleva una situación de excepcionalidad constitucional que pone en suspenso todo el sistema de pesos y contrapesos diseñado para limitar el poder del ejecutivo. La chica de El Corte Inglés piensa que ese estado de alarma es la única manera de meter a la gente en su casa por la noche, pero no sabe que también supone dejar el Congreso de los Diputados en servicios mínimos, trabajando al ralentí y sin poder controlar la acción de gobierno, no sólo en lo que se refiere al confinamiento de la población, sino en todo lo demás. Seis meses a tu bola sin tener que someterte a la crítica de la oposición. La mujer flipaba. 

Hasta aquí la estética política de Nerón Sánchez, que se ajusta a los cánones de las democracias liberales con la misma elegancia que un traje al cuerpo de Pablo Iglesias. Pero poco se ha escrito de la estética parlamentaria de los 194 diputados que votaron a favor de esa prórroga de medio año. Si la sumamos a los tres meses del anterior estado de alarma, y suponiendo que la legislatura dure cuatro años, significa que la mayoría de Sus Señorías se van a pasar en su casa la quinta parte de su mandato parlamentario, sin demasiado curro y cobrando su salario íntegro. Aunque solo fuera por una cuestión de estética democrática, hacerte un ERTE a ti mismo sin renunciar a una parte de tu sueldo, como le sucede al resto de trabajadores, es feo. No es estético. 

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