ARMENGOL SE ABURRE

Se bebe para olvidar, o para celebrar. El mainstream local, y hasta el nacional, ha establecido que la única explicación posible para entender que la presidenta de Baleares se fuera de copas de madrugada en plena pandemia era liberar tensiones, evadirse un poco, olvidar por unas horas la dura realidad que debe enfrentar a diario como gobernante. Discrepo. Francina Armengol y parte de su equipo debían estar de celebración, porque tenían motivos sobrados para estar de fiesta. 

Cuando en el mes de junio finalizó el confinamiento en España, Baleares presentaba unos datos sanitarios sensiblemente mejores que la media del país. Comenzaba la temporada alta para el turismo y, en términos automovilísticos, nuestra comunidad partía de la pole position en la carrera por recuperar parte de la actividad perdida. Se organizó una prueba piloto durante dos semanas con turistas alemanes, que se celebró por todo lo alto por nuestro Govern como un éxito de promoción del destino sin precedentes. En julio el Fórmula Uno turístico de Baleares rodó a una velocidad aceptable -superior a la esperada-, pero a mediados de agosto Alemania y Reino Unido enviaron nuestro bólido a boxes, y ya no volvimos a salir a la pista. 

Desde mayo se habló de corredores aéreos seguros para intentar salvar algo de la temporada turística. No se pudo hacer nada. Se planteó también la necesidad de hacer pruebas PCR en origen a los visitantes. No se hizo ni una. Entonces se estudió la posibilidad de realizar los test al llegar. En el aeropuerto de Bruselas, con un tráfico similar al de Palma, llegaron a montar un laboratorio en el interior de su recinto. En Baleares ni se planteó la posibilidad. 

La OMS llevaba meses insistiendo en la importancia de realizar test masivos a la población. Un pequeño empresario que organiza cada año un prueba ciclista consiguió en pleno mes de agosto ochomil test para realizar gratuitamente a todos sus participantes. En comparación, el precio para adquirir un millón resultaría irrisorio dentro del presupuesto de nuestra comunidad autónoma, pero eso tampoco pudo ser. 

Era fundamental reforzar con urgencia la atención primaria para la detección precoz de los contagios. Pregunten al personal sanitario que atiende en los centros de salud de Balears sobre su situación y el cabreo que les invade por la falta de medios con la que trabajan. También había que contratar más rastreadores para controlar los casos positivos y evitar así la temida transmisión comunitaria. Pero tampoco pudo ser.  

Sobre la ampliación de los ERTE, empresarios y trabajadores de Baleares vivieron acongojados hasta el último minuto, en el que conseguimos engancharnos a algo que habían conseguido los canarios sin tanta agonía. De abril a junio el PIB de nuestra comunidad cayó un 40%, más del doble que la media de España. Según la EPA publicada ayer, el paro interanual ha subido un 60% en Baleares. O sea, tenemos 87.000 personas sin empleo, 32.700 más que hace un año. Aquí no se incluyen los trabajadores que continúan en ERTE, una figura que ayuda a maquillar el drama social. 

A pesar de este paisaje de postguerra, “Francina lo está haciendo bien”. Al menos eso es lo que afirma también el mainstream, y me estoy quedando corto. Uno de los periodistas políticos más influyentes de Mallorca ha escrito que Armengol genera un consenso inusitado, no solo  entre los ciudadanos que no la han votado, sino entre sus adversarios políticos. Una Merkel a la mallorquina, por lo menos. Ha convertido al fiero Podemos en el felpudo de su gobierno. A Més lo mantiene grogui dieciocho meses después de su batacazo electoral. Los sindicatos solo aparecen para hacerse fotos y pasar por caja a cobrar las subvenciones. Entre el barullo de los gintonics, una patronal de actitud lanar ante la faraona de Inca acaba de elevar por primera vez el tono un poquito para conseguir retrasar una hora el toque de queda. 

En mitad de este panorama, los medios de comunicación tradicionales sobreviven conectados a un respirador económico artificial cuyo enchufe se encuentra en el Consolat de Mar. Solo así se explica que la presidenta del Govern haya tenido que irse de marcha a un tugurio de mala muerte, en plena pandemia y fuera de los horarios autorizados, para recibir la primera colleja seria por parte de algunos de los medios de comunicación más importantes de Baleares. Ya digo que hasta los copazos de madrugada y a pesar de la espantosa realidad descrita, “Francina lo estaba haciendo bien”. 

A decir verdad las collejas más sonoras se las ha llevado no tanto por las copas sino por las patrañas posteriores. Entre los aciertos de Armengol se encuentra haberse rodeado en su gabinete de tres periodistas inteligentes que hacen bien su trabajo y conocen el paño de los medios. Los tres sabían que existía un acta policial, la declaración del dueño del local y testigos de lo ocurrido, pero la primera reacción fue “no contestamos mentiras”. Con un par. A partir de ahí se sucedieron las explicaciones ridículas, que resultan mucho más reveladoras que el error de la salida nocturna. 

Aunque no lo parezca, para rascar unos minutillos en la crónica de los hechos Armengol debe de estar aburrida de ser presidenta. Solo así se explica que no concediera importancia a un hecho que va más allá del horario, porque tiene que ver con la imagen de frivolidad que transmite en las actuales circunstancias. Para sostener durante días que la primera autoridad de Baleares permaneció en la calle de madrugada una hora acompañando en grupo a un colega mareado, hay que sentirse completamente impune, ajena al control o al juicio de la opinión pública. Para explicar que la “reunión de trabajo” continuó en un garito canalla tomando copas hay que tener una sensación de superioridad total: la gente es idiota y tragará con cualquier milonga que les soltemos. 

Aburrimiento, impunidad y superioridad. Solo una de estas tres percepciones bastaría para inhabilitar a cualquier gobernante, y es lo que pensaría Armengol si afectaran a un adversario político. Pero si el mainstream se empeña en decirte que pase lo que pase no hay alternativa, que no tienes rivales, que nadie te despeina, que eres tú o el caos, lo normal es que te  aburras, te relajes y te vayas a celebrarlo. 

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