ELOGIO DE LA ALEGRÍA

15371691886436

          Matar o morir. Morir matando. Quien a hierro mata a hierro muere, y en este plan. El hedor que asciende desde los bajos fondos de nuestra política nos obliga a levantar la nariz y elevar la vista hacia vidas algo más ejemplares. No es tanto una cuestión de aprendizaje como de supervivencia moral. El neopacifismo del Gobierno de España consiste en vender bombas a Arabia Saudí de las que no matan, o que matan poco, o que matan solo a los enemigos escogidos por el país fabricante, no por el que las lanza. Hubo un tiempo en que el pacifismo fue algo serio, y no esta chirigota. Romain Rolland fue uno de esos hombres superiores de los que ya no tenemos noticia, pero que debemos recordar. Europa es un continente sin memoria que observa impávido el avance de la ultraderecha en países donde en otro tiempo germinó lo mejor de la condición humana. 

       Rolland encarnó durante la primera mitad del siglo XX ese ideal universal de fraternidad que hoy a algunos les suena a guión de Disney. Y además predicó con el ejemplo. Para el escritor francés la victoria estaba sobrevalorada, porque por sí misma no hace mejores ni a los hombres ni a las naciones. Y quien habla de victoria habla de poder. Son otras cuestiones las que elevan al ser humano por encima de las bestias, que también son capaces de triunfar sobre otras más débiles. El hombre abandona la pura animalidad a través del arte, la compasión y la generosidad, por citar tres virtudes que Rolland trató de practicar toda su vida. Porque el arte era una virtud para Rolland, especialmente la música: una cierta sensibilidad musical empuja al ser humano hacia un profundo deseo de armonía entre sus iguales. 

       Este idealismo un tanto cándido, este optimismo entusiasta sobre la condición humana, provocó una de las anécdotas más hermosas e instructivas que he leído jamás. Romain Rolland creía posible conectar a las personas, sobre todo a los jóvenes, a través del arte y la belleza. Y en esas estaba cuando Tolstoi, según Rolland el hombre más auténtico y noble de su tiempo, publica un libro en el que califica a Beethoven de “parásito que induce a la sensualidad”. El joven Romain acusa el golpe moral de tal forma que reacciona de una manera desesperada. Decide escribir al gran pope de la literatura europea, él, un pobre estudiante desorientado, para pedirle ayuda. Pasan las semanas y, obviamente, no hay respuesta a su carta. Pero un día, cuando Rolland había olvidado el asunto, al entrar de noche en la habitación del pequeño apartamento parisino en el que vive, encuentra un paquete sobre la mesa del comedor. En su interior hay un manuscrito en francés, un texto de treinta y ocho páginas de puño y letra del mismísimo Tolstoi, que comienza así: “Cher frère”, “Querido hermano…”. El escritor más famoso y admirado de la época, el que cobraba cada línea que publicaba a precio de oro, encuentra tiempo para redactar un ensayo -porque treinta y ocho páginas son algo más que una carta- con el que aconsejar a un desconocido estudiante francés, y enviarle el texto desde Rusia. 

         Hace un siglo uno de los autores más grandes de la literatura universal empleó varios días para responder a miles de kilómetros de distancia a un joven inquieto pero desorientado. En términos de comunicación, hoy la tecnología ha reducido el mundo al tamaño de una corrala. Sin embargo, algunos consideran que contestar brevemente los comentarios que te dirigen en una red social es puro marketing, una simple estrategia para vender una imagen. El filósofo Byung-Chul Han considera que la reducción extrema de las distancias en combinación con el anonimato ha generado una sociedad digital sin respeto. Tiene razón, porque la comunicación anónima dificulta la confianza -cuando no la impide directamente- y frustra una comunicación honesta. Pero llevado ese anonimato, es decir, cuando una persona que no esconde su identidad dedica unos minutos de su tiempo a leer un post, una reflexión, o un artículo de opinión, y lo comenta, merece un respeto, o sea, una respuesta.

         Hay quien sostiene que las redes sociales rompen las jerarquías, democratizan la información y permiten convertir a cada ciudadano/usuario en un pequeño periodista. Esta musiquilla sonó bien durante un tiempo, hasta que llegaron los listos/malos y entendieron el poder devastador de las fake news. Pero esto no es lo peor. La propagación masiva de mentiras, unida al éxito de ese periodismo aficionado, ha provocado que crezca en las relaciones humanas un rasgo que solo debería caracterizar al periodismo profesional: la desconfianza. Millones de personas rezan hoy para que la nave espacial de Pedro Duque no provenga de un decorado de Hollywood, o para que no aparezca una fotografía de Echenique cruzando la meta del maratón de Nueva York. 

        A mi, que voy alerta contra esta epidemia del recelo, también me afecta. No hace mucho conocí a una persona en las redes sociales tan educada, positiva y amable que llegué a convencerme que era un perfil falso. Contesta con tanta empatía e inteligencia a sus amigos, e ignora con tanta sutileza a los torpes, que pensé que no podía ser real. Claro que esa persona tendrá sus días malos, sus enfados y sus defectos. Y por supuesto que elige qué parte mostrar de su vida en el escaparate digital. Pero eso no debería invalidar a nuestros ojos lo que enseña por el mero hecho de ser bello. No debería costarnos tanto reconocer que hay gente maravillosa suelta por el mundo, así, sin más. Hablábamos del arte, la compasión y la generosidad como tres de las virtudes que practicaba Romain Rolland, pero para él “la primera virtud es la alegría; es preciso que el que obre bien se regocije de su propia conducta”. Aunque sea por equivocación, todos obramos bien alguna vez. Así que, para compensar un poco, reivindiquemos la alegría y la confianza en el ser humano, como hacía Rolland, y dejemos el pesimismo antropológico en manos de una minoría de cínicos. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: