MÁS COBARDES QUE VALTONYC

         “Me la suda si la Audiencia Nacional me condena”. Así reza una de las canciones de Valtonyc, otro que al parecer iba de broma, como los impulsores del Procés. El antisistema que rapeaba “cogeré un kalashnikov, una MP5, iré a Intereconomía, terminaré con este circo” apela ahora para no entrar en prisión a un piso recién amueblado, un curro fijo y una cuenta corriente en común con su novia. Parecía difícil superar el absurdo de Anna Gabriel, la anticapitalista que concedió una entrevista refugiada a medio camino entre el Credit Suisse y la sede central de Patek Philippe, pero el autoproclamado como “músico” lo ha conseguido.

        A partir de la ratificación por el Tribunal Supremo de su condena a tres años y medio de cárcel por la comisión de tres delitos se desató en las redes sociales lo que los expertos denominan shitstorm, literalmente “tormenta de mierda”. Era previsible, e inevitable. Si la comunicación anónima destruye masivamente el respeto, qué mejor asunto para esparcir heces verbales que el que afecta al autor de este ripio: “dicen que pronto se traspasa la cloaca de Ortega Lara y muchos rumorean que Rubalcaba debe probarla”. En la turba digital se impone el ruido comunicativo por la utopía de unas relaciones horizontales, sin jerarquías.

           Pero en la información, y también en la opinión, las jerarquías son importantes. Al lector que llega agotado al final de un tuit no le puedes exigir el milagro de asimilar el contenido de las veinticinco páginas de una sentencia. Ni siquiera se le puede pedir que lo intente. También lo dicen los expertos: en nuestra sociedad digital, hiperveloz e hipercomunicada, cada día hay más personas incapaces de mantener dos minutos de atención sobre un texto. Un ejercicio combinado de optimismo e higiene mental nos obliga a excluir de ese supuesto a nuestros representantes públicos, y también a los profesionales del periodismo. Aceptando una elemental comprensión lectora, decir que Valtonyc irá a la cárcel por insultar al Rey constituye uno de los insultos a la inteligencia más gruesos y voceados de los últimos tiempos.

         Valtonyc está condenado por la comisión de tres delitos: por dos de ellos, las injurias al Rey y las amenazas, acumula dieciocho meses de cárcel. Al conocer hace un año la sentencia de la Audiencia Nacional declaró que “si lo llego a saber me cargo a alguien. Me hubiera salido más barato”. Pues bien, ni siquiera con esta chulería barata entraría en prisión por esas dos condenas. El triple salto mortal definitivo y con tirabuzón de Valtonyc para zambullirse en el talego lo ejecuta sobre el artículo 578 del Código Penal, que tipifica el enaltecimiento del terrorismo y la humillación de las víctimas. Por las injurias a la Corona le meten un año, la mitad de la pena máxima prevista. Por las amenazas le caen seis meses, el mínimo establecido. Finalmente, por aplaudir los crímenes de ETA y los GRAPO y descojonarse de la memoria de Publio Cordón y Miguel Angel Blanco, entre otros, le caen dos años, cuando el Código Penal prevé entre uno y tres. En resumen, con arreglo a las leyes que aprueba el Parlamento y cuyo cumplimiento exigimos -en primer lugar a los políticos- al “artista” le podían haber caído siete años de prisión. Al final se han quedado en la mitad, pero algunos hablan de “ira judicial”. Son los mismos artículos penales que permitieron absolver al concejal madrileño de Podemos, Guillermo Zapata, autor de unos tuits ofensivos hacia las víctimas del terrorismo, entre otros motivos porque se disculpó. Es el mismo Poder Judicial que dejó libre de culpa a Facu Díaz, guionista de Tuerka News que comparó al PP con ETA.

        No nos confundamos. En toda esta historia Valtonyc no es el más cobarde. Es muy fácil zumbar a los magistrados de la jurisdicción penal como si fueran déspotas que no tienen que someterse a ninguna regla a la hora de interpretar el ordenamiento jurídico. La Ley somete al juez, aunque semejante afirmación desmonte ciertos chiringuitos políticos, intelectuales y periodísticos. Y si la Ley no gusta hay que tratar de cambiarla. Por eso, aquí el único valiente ha sido Pablo Iglesias, que propuso hace tiempo derogar el artículo 578 del Código Penal que tipifica el enaltecimiento y la justificación pública del terrorismo -un concepto un tanto vago e interpretable- y “la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares” -algo mucho más concreto y verificable-. El legislador pretendió evitar una segunda victimización protegiendo de manera específica a un colectivo considerado especialmente vulnerable. Es el mismo concepto que se aplica al colectivo LGTBI.

        Podemos lo tiene tan claro que para demostrarlo llevó al Congreso de los Diputados a los familiares de los simpatizantes de ETA detenidos por dar una paliza a dos guardias civiles en un bar de Alsasua, en Navarra. A mi me gusta esa honestidad, especialmente si la mantienen en campaña electoral cuando pidan el voto fuera de Hernani. Pero lo del PSOE y el resto de la progresía moralmente superior es de una cobardía espantosa. Si el Código Penal vigente permite una sentencia tan aberrante como la de Valtonyc, hay que tener el valor de decir que las víctimas del terrorismo en España no merecen esa especial protección. Hay que echarle pelotas y decir que merecen una consideración legislativa ad hoc las mujeres que sufren la violencia machista, y los gays, las lesbianas y los transexuales, pero no un funcionario de prisiones vivo tras 532 días enterrado en un agujero infame, ni la mujer y las hijas de un empresario al que dejaron mal morir tras un secuestro atroz. Y que digan también que, como ETA no mata desde hace ocho años, ha cambiado el contexto histórico. Y luego vayan corriendo a hacerse la foto ante las fosas comunes de las víctimas de la Guerra Civil abiertas, con toda justicia para sus familias, ochenta años después. Eso sí que sería de valientes.

 

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2 Comments

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  1. Muy contento de volver a leer tus artículos. Tus lectores hemos estado huérfanos unos meses. Y muchas gracias por plasmar de forma brillante lo que muchos pensamos.

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