SA POBLA RECORDS

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Quién me iba a decir que estaría de acuerdo con el rapero Valtonyc, condenado a tres años y medio de cárcel por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas, injurias al Rey y amenazas. Nótese el orden en que enumero los tres delitos, según la pena de prisión impuesta. Dos años por descojonarse de personas asesinadas o secuestradas y por alabar la actividad criminal de ETA y los GRAPO. Un año por ciscarse en el Rey y su familia. Seis meses por rapear que matará a Esperanza Aguirre y mutilará a Cospedal. Por esto último no entraría en prisión ni pidiéndolo de rodillas. Por lo anterior tampoco, y menos en estos tiempos en que gritar “Muerte al Borbón” suena a canción navideña. Como aquí cada uno tiene la piel sensible para lo que quiere, yo elijo poner el límite de lo admisible en pisotear el recuerdo de un empresario secuestrado y asesinado cuyo cadáver no ha sido encontrado dos décadas después, pero que según el artista disfruta de unas largas vacaciones en el Caribe; en la vejación de un hombre enterrado vivo en un agujero de cuatro metros cuadrados durante 532 días; en el ultraje de la memoria de un chaval de 29 años asesinado a cámara lenta, de rodillas y con las manos atadas a la espalda. Vete tú a Alemania a hacer pareados graciosos sobre las duchas de gas en Auschwitz y verás lo que duras en libertad.

Pues bien, en España el brillante rapero tampoco iría a la trena por denigrar a Publio Cordón, a Ortega Lara o a Miguel Angel Blanco… salvo que te conviertas durante el juicio en la versión antisistema de Jaume Matas. El ex-presidente de Balears convocó a los medios de comunicación a una rueda de prensa inolvidable en su lugar de veraneo para celebrar la rebaja de su condena por el Tribunal Supremo como si fuera un título de Champions. Una provocación tan exagerada e innecesaria que lo siguiente fue preparar el neceser y el chandal para cumplir una condena de nueve meses en la cárcel de Segovia. El chico este de los ripios geniales a punta de kalashnikov adoptó ante los magistrados de la Audiencia Nacional que lo juzgaban casi la misma actitud pendenciera que los etarras que entraban en la sala habiendo reconocido la colocación del coche bomba y las decenas de muertos: no reconozco este tribunal antidemocrático, estoy condenado de antemano, ya te pillaré cuando salga… Al menos De Juana Chaos acudió a sus juicios en pantalón largo. Nuestro glosador de Sa Pobla prefirió ir en bermudas.

Escuché más de lo deseado la música punk y el rock radical vasco de los ochenta y noventa. Repaso hoy las letras de La Polla Records, Kortatu, Su ta Gar o Negu Gorria -de este último la canción Ustelkeria la escribió la etarra Carmen Guisasola- y parecen relatos de Disney en comparación con las creaciones de nuestro rapero favorito. Pero ya digo que a pesar de todo estoy de acuerdo con Valtonyc, que al conocer su sentencia ha declarado que “lo llego a saber y me cargo a alguien, me hubiera salido más barato”. Para que luego digan que las penas no disuaden del delito. Ahora que es famoso, si el moderno trovador decidiera organizar un concierto en el Palma Arena para rentabilizar su martirio, vendiera 50.000 entradas y murieran cinco personas por el exceso de aforo, solo le caerían cuatro años de prisión por cinco delitos de homicidio imprudente. Es la condena que recibió el empresario Miguel Angel Flores, cuya codicia provocó la catástrofe del Madrid Arena.

A mi me parece bien esta reivindicación radical de la libertad de expresión por parte de quienes critican la sentencia que condena a Valtonyc. Venía yo quejándome con amargura de los límites menguantes para opinar fuera de lo políticamente correcto, y mira tú por dónde el arte de este chaval va a conseguir ensanchar los espacios del columnismo. Por ejemplo, si en respuesta a las críticas furibundas de un colectivo de mujeres a alguno de mis artículos un día escribo que estoy pensando en rebanarles el clítoris – en plan metafórico, por supuesto, y en un intento por alcanzar el nivel poético de los raps de Valtonyc – entiendo que toda esta gente defenderá mi libertad de expresión. Ni amenazas, ni apología de la violencia de género, ni delito de odio. Sólo arte, de pésimo gusto, pero literatura periodística al fin y al cabo. Las palabras son eso, palabras, y según esta teoría mientras no agarre en serio un bisturí no se debería exagerar la respuesta a mi salvajada.

El asunto se ha vuelto tan demencial que he llegado a leer en un periódico serio que defender el terrorismo como medio para acabar con abusos seculares es una postura que gusta poco, pero nada más. Si no se empuña un arma es solo pecar de pensamiento. A mi antes me parecía conveniente escribir los artículos con un diccionario cerca, por aquello de los sinónimos y tal. A partir de ahora recomendaría tener a mano el código penal vigente, cuyas modificaciones no tan lejanas en el tiempo han permitido poner fin al escarnio público y continuo de las víctimas del terrorismo en muchos pueblos de Euskadi. Así evitaríamos incluir a Sa Pobla en ese listado ominoso.

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One Comment

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  1. La libertad de expresión es cualquier cosa menos libertad. O cada uno la gestiona según su interés!

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