EL ESPEJO DE BALEARS

Cada vez que alguien me dice que soy periodista le digo que no, que eso es algo muy serio y que yo sólo escribo una columna semanal en esta santa casa. El neurocientífico Howard Gardner explicaba hace poco en una entrevista en La Vanguardia que “una mala persona no llega a ser nunca un buen profesional”. Sin embargo, reputados periodistas defienden la tesis contraria, y no les va mal. Se reconocen despreciables, y se justifican porque entienden que es la única manera de cumplir con éxito su función de control sobre el poder político. Cada uno debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, y supongo que por eso he tardado casi un año en criticar en un artículo al Alcalde de Palma.

Puedo equivocarme, pero conozco personalmente a José Hila y creo que es una buena persona. Como periodista que no soy, tengo que admitir que a mi esta percepción me influye a la hora de censurar sus torpezas de los últimos meses. Yo fui testigo de cómo su timidez -que proviene o deriva de una falta de confianza en sí mismo- sus prejuicios ideológicos y una cierta visión maniquea de la política, le hicieron enredarse en discusiones absurdas como regidor, pensando que así cumplía mejor con su labor de oposición. Le vi en varias ocasiones metiéndose sin querer en un jardín de espinos, y cuanto más se le mostraba una salida honrosa, más insistía él en caminar entre las zarzas. Como Alcalde está haciendo lo mismo, y la firmeza y dignidad que mostró en las semanas previas a la constitución de los ayuntamientos -cuando se negó a ser comparsa de otros dos partidos menos votados que el suyo- le está faltando ahora. En términos baloncestísticos, José Hila está jugando los minutos de la basura de su mandato desde que tomó posesión de su medio cargo, y su no gestión al frente del consistorio palmesano constituye la alegoría perfecta para explicar el desastre del PSOE en todas las encuestas, locales o estatales.

Que un concejal condenado por entrar a hostia limpia en un despacho oficial defienda a unos okupas entra dentro de lo previsible. Pero que un alcalde socialista se ofrezca para mediar entre las partes, es decir, entre los que se saltan la ley y los propietarios de un edificio, es acercar el dedo al botón de autodestrucción de un partido centenario. Si “la gente” está a favor de la okupación, ¿votará al PSOE o a Podemos? Hila también ha dicho que “nada nos desviará del camino iniciado para la demolición del monolito en Sa Feixina”. ¿Nada? ¿Ni la ley? ¿Ni una sentencia? ¿Ni la voluntad de “la gente”? En política son las palabras, y no la cara, el espejo del alma. El que escribió esa frase del discurso de Hila no debió reparar en la obstinación que transmite, el empecinamiento, la cerrazón, la intransigencia que tanto criticaron en un PP que, eso sí, contaba con muchos más votos que el PSIB. Y ni siquiera eso justificó sus errores. “La gente” que no pega ojo en Palma obsesionada porque el monumento sigue en pie, ¿votará al PSOE o a Podemos?

Para Chateaubriand, “la ambición para la que no se tiene talento es un crimen”. Nadie podrá negar la ambición de Pedro Sánchez por ocupar la Moncloa, sin k, pero algo de sensatez en la tentativa también resulta conveniente. Francina Armengol tenía toda la razón. Hace un par de meses, aún en negociaciones para formar gobierno, Sanchez se paseó por aquí y nuestra Presidenta le animó a pactar con Podemos fijándose en el modelo de Balears: “Mira, Pedro, qué bien le va a la gente y qué bien nos va a nosotros”. Se lo contó siendo ya tercera fuerza política en votos en esta comunidad, y bajando. Ahora el CIS y otros institutos demoscópicos emiten un borrador de sentencia de muerte a nivel estatal para el PSOE, y supongo que los socialistas locales aún encontrarán consuelo en que el PP pueda perder su condición de partido más votado en Balears. Pero de ese descalabro socialista no puede ser responsable un PP en estado catatónico y sin dirección política desde hace un año. El problema de jugar a radical es que siempre ganan los más radicales, porque disponen de una marcha más con la que superarte en la recta final que lleva a las urnas.

Schopenhauer decía que “quien escribe para los tontos siempre encuentra un público numeroso”. Lo cual no significa que quien lo escribe sea tonto. Los socialistas no entienden como un catálogo de fotos de políticos con algo de texto puede pasar por un programa electoral serio y suscitar tanta atención mediática. Es muy sencillo: porque Podemos ha impuesto su lenguaje político en la izquierda. El PSOE hace tiempo que aceptó unas reglas y unos términos del debate que jamás podrá ganar. Ha mantenido su legítimo objetivo en una democracia, gobernar, pero con una particularidad en los últimos años: una sangría de votos que no cesa. En política la linea recta no siempre es el camino más corto, y los atajos se pagan caros. Ahora ya es tarde, y la rehabilitación del edificio de Ferraz llevará tiempo, si es que no colapsa del todo.

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