DERRETIR EL MAQUILLAJE

Las entrevistas a Pablo Iglesias se van pareciendo a un duelo a muerte nocturno, en prime time, con el grueso de la audiencia televisiva por testigo. Sólo puede quedar uno vivo. O muere Pablo, o muere el entrevistador. Aún no ha ganado Podemos, y España ya se acerca al modelo venezolano, con el periodismo convertido en profesión de alto riesgo. El líder carismático acudió al Canal 24 horas de TVE, y su director, Sergio Martín, le lanzó un directo a la mandíbula al preguntarle si estaba de enhorabuena por la excarcelación de etarras. Pablo se revolcó por el suelo de dolor, luego le levantó el dedito al periodista, y le riñó muy serio. El séquito de 16 personas que acompañaba al gran líder en el estudio de televisión comenzó a tuitear a lo bestia, y ya estaba liado el tiroteo en el OK Corral de las redes sociales. En directo, ese instante quedó diluido en una hora de entrevista que vivió otros momentos de más tensión, pero los estrategas de Podemos saben que el asunto de ETA hará pupita cuando haya que pedir el voto en cualquier pueblo de España, donde nacían los guardias civiles asesinados. Al poco, los representantes sindicales en el ente público exigieron el cese fulminante del periodista. Cuando reclamábamos una revisión del papel de los sindicatos en el siglo XXI no nos referíamos a que promovieran con furia los despidos de otros trabajadores. No era eso, no.

Aún recuerdo aquella entrevista de Iñaki Gabilondo a Felipe González en TVE, allá por 1995. La vieja guardia socialista aún no se la ha perdonado. Gabilondo golpeaba sin parar a cuenta de los GAL: mentón, hígado, nariz, estómago… y vuelta a empezar. Iñaki bailando sin parar alrededor del Presidente del Gobierno, lanzando preguntas como jabs, y Felipe noqueado, acorralado por aquellas seis palabras para la historia: “no hay pruebas, ni las habrá”. Memorable. Con la excusa de una objetividad mal entendida, algunos parecen entender los medios de comunicación públicos como sofás mullidos para que los políticos puedan soltar un sermón diseñado previamente en función de su conveniencia. Aparece el ministro, el diputado o el eurodiputado con traje de luces, dispuesto a su mejor faena, y el periodista tiene que embestir con los pitones afeitados. O peor aún, toreo de salón, mero postureo para una buena foto, o para el titular deseado, y el profesional de los medios dando palmas y olés. Desde esta perversión se llega al esperpento de los debates electorales. Dos locos disfrazados de candidatos, embutidos en camisas de fuerza y con esparadrapo en la boca, simulando que se atizan dialécticamente con un reloj por medio que les mide los segundos de cada intervención, como en las partidas de ajedrez.

Ahora el entrevistado aparece en el plató con su mejor cara, su discurso preparado y una sonrisa amable. No parece un mal propósito descolocarlo un poco, cabrearlo incluso, para que se le derrita el maquillaje y aparezcan los brillos y arrugas en forma de contradicciones. O sea, lo que no nos quiere mostrar. En las entrevistas, el periodista acierta cuando la siguiente pregunta que formula es la que está esperando el lector, el espectador o el oyente. Y fracasa cuando se la salta. Quiero decir que a un profesional de la información no se le debería criticar tanto por las preguntas que hace, como por las que no hace. A Sergio Martín no hay que despedirlo, sino vigilarlo en el futuro por si se le escapan otras cuestiones:

Sra. Cospedal: esta entrevista se realiza en riguroso directo. Al acabar, ¿quiere usted que le demos el finiquito en ese mismo momento o lo prefiere en diferido, como el del Sr. Bárcenas?
Sr. Rajoy: ¿en qué momento de su dilatada carrera política notó usted los primeros síntomas agudos de su alergia a los medios de comunicación?¿ha notado mejoría con el tratamiento a base de plasma?
Sr. Sánchez: a la pregunta de cuál sería el primer ministerio que le gustaría suprimir si llegara al gobierno usted contestó que el de Defensa ¿el PSOE está en condiciones de criticar el programa electoral de Podemos por utópico?
Sra. Díez: ¿el acuerdo entre UPyD y Ciudadanos se ha frustrado porque Albert Rivera es más guapo que usted?
Sr. Lara: Mao, Stalin, Fidel Castro… ilustres comunistas al pie del cañón más allá de los ochenta años. ¿por qué a usted le llaman dinosaurio en su partido con sólo 62 primaveras?

A Pablo Iglesias se le corrió el rimmel por la ironía del presentador. De ahí su reacción desmesurada, e inteligente, para impedir las repreguntas. Porque la cuestión no es tragar con la excarcelación de asesinos, ni tener que convivir con ellos una vez cumplidas sus condenas, como ha sucedido en Irlanda del Norte. El problema está en que la videoteca es cruel, y muestra todos esos lametazos nauseabundos, las risas, los piropos y los compadreos con quienes jamás han renegado de sus crímenes horrendos. Una pornografía política tan reciente que resulta incompatible con la posibilidad de gobernar un país. Así que mejor aporrearse el pecho y despedir al periodista, por molestar.

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