GANAS DE VIVIR

En el centro de Lho han construido una nueva estupa colorida que parece la entrada a un parque de atracciones. El resto del pueblo es de piedra gris y madera oscurecida por los inviernos himaláyicos, así que el tránsito desde el blanco y negro al tecnicolor es algo brusco. Cuando aún no te has repuesto del choque ya estás saliendo de la aldea, y entonces llega el segundo impacto. Caben opiniones diversas, pero nadie permanece indiferente cuando se asoma a una montaña de 8.000 metros de altitud. Tras cuatro días ascendiendo a pie por la garganta del río Budhi Gandaki, la primera visión del Manaslu desde la gompa budista de Ribang es sencillamente emocionante.

Es muy revelador encontrar en la literatura alpinista tantas metáforas humanas. Las montañas míticas te vigilan, te llaman, te advierten, te rechazan. Se camina durante horas bajo la mirada omnipotente del Manaslu, boquiabierto al recorrer bosques de esta frondosidad a más de 3.000 metros. Los rododendros se abren y llegas a Shyala, un pequeño asentamiento en lo alto de un camino que trepa hasta dejarte sin resuello. Cuando atraviesas el pequeño arco de su entrada, los ojos abandonan el polvo del camino, y se abren a un espectáculo grandioso. De súbito te encuentras en una enorme explanada, justo a los pies del gran circo del Manaslu. Giras el cuello 180 grados, y de izquierda a derecha se alzan ante ti el Himal Chuli (7.893 metros), el Peak 29 (7.871 metros), el Manaslu Himal (8.163 metros) y el Manaslu norte (7.157 metros). Y entonces todo se hace pequeño, sobre todo tú. Hay quien abre la boca, hay quien grita, hay quien permanece en silencio, y también hay quien se emociona. Pero todos han pasado lo suyo para llegar hasta aquí.

En el avión que días antes nos traía hasta Nepal leíamos las noticias sobre el terrible temporal de nieve que azotaba esta zona del Himalaya. La peor tormenta en las últimas décadas, muy improbable en esta época del año y totalmente inédita por debajo de los 6.000 metros, atrapó a miles de senderistas que viajan en estas fechas desde todo el mundo para recorrer esta naturaleza fascinante. La ventana de buen tiempo se abre escasamente seis semanas, entre el final del Monzón y los fríos insoportables del invierno. El drama se ha saldado con casi medio centenar de muertos y más de 300 heridos. Y a partir de ahí las opiniones, todas respetables, pero algunas crueles, y sobre todo injustas. Escribir sobre gente que no aprecia su vida desde el ordenador de tu casa, con el café humeante al lado y la calefacción a tope, es no tener ni idea de qué va esta historia.

Escribo este artículo en Sando (3.900 metros). La creciente explotación de estas rutas por las autoridades nepalíes posibilitan a un lugareño espabilado instalar aquí una conexión wifi y cobrarla a precio de oro, y a mí me permite enviar estas líneas sin necesidad de utilizar un satélite. A dos días de marcha desde aquí, la semana pasada fallecieron once personas en el Larkya La, un paso a 5.100 metros de altitud. Durante los primeros días de nuestro viaje nos cruzamos decenas de personas que deshacían lo andado. Bajaban tristes, cabizbajas, algunas incluso con el susto en el rostro, por no haber podido completar el trek que circunvala el macizo del Manaslu. Algunos pueden pensar que, a diferencia de los que perecieron en el temporal, estos son los que aprecian su vida y piensan en sus seres queridos. Pero eso es no entender la montaña, ni la climatología en esta región del mundo, y aún peor, las motivaciones que empujan a la mayoría de personas a venir hasta aquí.

He leído que nos llaman los domingueros del Himalaya. Lo acepto, aunque sólo sea por restarle la épica a toda esta historia. Un trekking en altura está al alcance de cualquier persona con una condición física aceptable, unos recursos mínimos y una alta motivación. Lo que me cuesta admitir es que quien es capaz de llegar hasta aquí tenga menos ganas de vivir que el que pasa feliz sus fines de semana entre gintonics y partidos de fútbol por televisión. Cuando este artículo se publique, mis amigos y yo estaremos atravesando el Larkya La. Tras unos días de clima benigno, el paso ha sido reabierto con unas condiciones de seguridad razonables. El viento y el frío no nos los quitará nadie, ni tampoco la convicción de sentirnos unos privilegiados con ganas de emocionarnos y de vivir para contarlo, y escribirlo.

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2 Comments

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  1. Privilegiados nosotros, tus lectores! Te felicito por este fantástico blog que nos permite releer artículos antiguos :)))

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