AMOR Y POLITICA

Tuve una novia con ocho apellidos vascos. Y RH negativo, tal y como marcaban los cánones de pureza del buen euskaldún establecidos por Sabino Arana. El fundador del PNV también definió el perímetro craneal perfecto, pero sobre este aspecto anatómico no logré obtener datos concluyentes de la chica en los casi dos años que duró nuestra relación. Con veinte primaveras andaba yo más pendiente de otras partes de aquel cuerpo glorioso. De primer apellido era Irulegui, como el entrenador de fútbol que tuvo la Real Sociedad, el Deportivo de La Coruña, el RCD Español, el Mallorca en la década de los noventa, y otros tantos equipos de primera división en España. En realidad Ikerne es su hija. La primera vez que vino a verme jugar yo esperaba un comentario complaciente, del tipo: ¡cariño, qué bien has estado! Pero me dijo que abusaba del golpeo exterior porque tenía dificultades mecánicas en el pase con el interior del pie izquierdo, que no aprovechaba mi potencia de salto porque no me equilibraba bien al cabecear, y que al centrar en carrera tenía que adelantar más el pie de apoyo para que el balón saliera más tocado y con más rosca. Luego me explicó un par de cosas que le habían gustado de mi juego, pero como la primera parte de su análisis me había dejado pasmado, ya no recuerdo el resto.

De segundo apellido era Eguíbar, como el presidente del PNV de Guipúzcoa desde 1987 hasta hoy. En realidad Ikerne es su sobrina. Un día apareció mi padre en un programa de ETB, la televisión pública vasca, e Ikerne me dijo que a su madre, la hermana de Joseba Eguíbar, no le había gustado demasiado la entrevista. Entonces imaginé a mi padre descuartizando con argumentos afilados el nacionalismo identitario y excluyente del sector más radical del PNV, el que representaba y representa Eguíbar. Pero no, no era eso. El hombre estuvo conciliador hablando de Ardanza, José Angel Cuerda, Joseba Arregui y otros nacionalistas moderados, algunos de los cuales fueron considerados más adelante por Xavier Arzalluz como los michelines del partido, y por tanto eliminados en favor del músculo soberanista, tan de moda hoy. El problema para que la que pudo ser mi suegra fue que mi padre, hombre casado entonces y ahora, apareció en pantalla sin lucir su alianza matrimonial, que por cuestiones de estricta comodidad se había quitado unos años antes. Así era el sector pata negra del nacionalismo vasco, más pendiente de la tradición y la moral religiosa que de las víctimas de ETA, hasta que fue imposible mirar hacia otro lado por culpa de Miguel Ángel Blanco. Pero a Ikerne y a mi nos separaron otras cosas, jamás la política. La vi emocionarse cuando le regalé un jersey con los colores de la ikurriña bordados en el cuello, y también recuerdo su abrazo cálido y su ternura infinita cuando yo colgaba un teléfono cargado de trágicas noticias.

Pedro Sánchez ha incluido en la nueva Ejecutiva Federal del PSOE a Meritxell Batet, diputada catalana que ocupará la secretaría de Estudios y Programas. Su marido es José María Lasalle, actual Secretario de Estado de Cultura, colaborador habitual de FAES y persona de confianza de Mariano Rajoy. La pareja se conoció en el Congreso de los Diputados, tras una intervención de ella sobre pluralidad lingüística en la que citaba a un grupo de poetas catalanes que a Lasalle le interesaba desde hacía tiempo. Al parecer los gustos literarios y culturales que compartían se fueron ampliando hacia otros campos, y la cosa acabó en boda en 2005. Esto no era ningún secreto, pero el ascenso de Batet ha traído la anécdota de nuevo a los periódicos. A mi el asunto no me provocó la menor sorpresa, no tanto por mi remoto pasado sentimental, sino porque tengo noticia de otros casos más discretos protagonizados por políticos menos conocidos. Amor y política, por este orden.

No tengo claro si las redes sociales hacen perder el buen juicio a algunas personas, o si por el contrario permiten que éstas muestren finalmente su verdadero rostro. Un conocido ex-político del PSM y actual militante de ERC, Cecili Buele, ha escrito en su muro de Facebook que ese matrimonio demuestra que PP y PSOE son las misma cosa asquerosa de la “marca egpania”. Uno imaginaba que un nacionalista catalán de raza negra ha debido sufrir suficientes experiencias desagradables en su vida como para mostrar otro tipo de sensibilidad, y establecer unas prioridades en las relaciones humanas distintas de las ideológicas. Pero estaba equivocado.

Sabino Arana escribió extensos textos contra el racismo por razón del color de la piel. Sin embargo fue autor de un sinfín de frases hispanófobas. Como hoy a algunos le “fa oi” lo que huele a España, he recordado una cita maravillosa del padre de la patria vasca: “el aseo del bizkaino es proverbial; el español apenas se lava una vez en su vida, y se muda una vez al año”. Arana llegó a sus conclusiones xenófobas a finales del siglo XIX, antes de llegar a los treinta años. Buele ha alcanzado la cumbre de su virulencia antiespañola a comienzos del XXI, a punto de cumplir los setenta, lo que constituye un buen ejemplo de la evolución de ese nacionalismo que se dice moderno, pero que no puede evitar asomar su pata más irracional, no importa el color.

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