LADRÓN EN LA LEY

Se debe escuchar con ternura la candidez de los argumentos nacionalistas para explicar la crisis política y militar en Ucrania. Eso es en la sección internacional. Veinte páginas antes, Mestre y Magro nos ilustraban hace unos días en este diario sobre la red de influencias locales que tejió el presunto mafioso Alexander Romanov para blanquear dinero en Mallorca. Con facilidad y limpieza, sin despeinarse demasiado a la vista del tipo de vida que llevaba en la isla. Entre tanto, acaba de publicarse en España el nuevo libro de Roberto Saviano, “CeroCeroCero, cómo la cocaína gobierna el mundo” (editorial Anagrama), sobre el poder planetario de las mafias que controlan el comercio de esta droga. Y es imposible no removerse en el asiento ante la avalancha de datos que proporciona su investigación. Saviano dedica un capítulo completo a la conquista del mundo por los nuevos zares, y ofrece testimonios directos de agentes del FBI especializados en la lucha contra el crimen organizado.

Uno de ellos, Robert Levinson, tras haber dedicado su vida a perseguir las mafias italoamericana, siciliana, colombiana y rusa, concluye tajante que esta última es la más violenta y peligrosa que ha conocido. Y añade una novedad: a menudo los rusos son licenciados, y se presentan como profesionales, sean ingenieros, economistas o abogados. Esta apariencia de respetabilidad se ajusta con precisión a la palabra empleada para nombrar a sus capos. Vor es la abreviatura de vor v zakone, que significa literalmente “ladrón en la ley”, es decir, un delincuente que se ha ganado el honor de mandar según las reglas establecidas. A veces el lenguaje no distorsiona nada, sino que es capaz de describir con nitidez la realidad.

Desde los años noventa, la mafiya ha ido copando y copiando todas las actividades tradicionales del crimen organizado, pero se le ha de reconocer una aportación extraordinaria al catálogo de sectores controlados por el delito a gran escala: el energético. Saviano reconoce de inmediato la conexión entre la energía y la cocaína: la dependencia. Con una diferencia: la coca crea una necesidad, pero el gas que sirve para calentar las casas del norte de Europa ni siquiera necesita crear esa dependencia. No cabe negocio más seguro y estable que aquel vinculado a algo irrenunciable para cualquier ser humano: el calor allí donde hace frío.

Magro y Mestre nos desvelaban una versión local de El Padrino al presentar las actividades de Alexander Petrov en Mallorca como las de un empleado cualificado del Vicepresidente de la Duma rusa, Alexander Torshin. Los pinchazos telefónicos de la Guardia Civil revelados por este periódico dejan poca margen de interpretación. Cuatro millones y medio de euros por hacerse con unos grandes almacenes en Moscú. Y a partir de ahí una encomiable dedicación al blanqueo de capitales con la ayuda inexcusable de lugareños con pocos escrúpulos que no preguntan demasiado. En los días siguientes, uno rastrea la información internacional imaginando una convulsión política en el Senado ruso, con alguna dimisión fulminante, pero nada. Otro “ladrón en la ley”. Impunidad total. La indignación y el asombro se van mitigando al leer el libro de Saviano y comprobar que lo de Petrov y Torshin es una trama de tercera división. La Liga de Campeones que patrocina Gazprom se juega en otros estadios.

La revista Time situaba en 2011 a Semion Yudkovich Mogilevich como el capo mafioso más importante de todos los tiempos, por delante de Al Capone, Lucky Luciano, Pablo Escobar y Totò Riina. Las principales agencias de seguridad del mundo consideran a Mogillevich el pilar fundamental de la mafia rusa en el mundo. Pero Mogilevich no es ruso, sino ucraniano. Desde hace una década este hombre, nacido en Kiev en el seno de una familia judía no religiosa, ha mantenido relaciones privilegiadas con todos los ministros de energía ucranianos y con las empresas energéticas de su país, y ha sido protagonista en la sombra de todos los hechos relevantes acaecidos desde que en 2006 comenzara la disputa entre Rusia y Ucrania por el abastecimiento de gas. En las relaciones del poder con un sujeto de estas características no existen los espacios intermedios. O vas a por él o lo conviertes en socio. Disponemos de un vasto conocimiento empírico sobre los procedimientos empleados por Putin frente a sus enemigos, y no parece que entre ellos se encuentre Mogilevich, que fue detenido en 2008 en Rusia acusado de evasión fiscal, y puesto en libertad dieciocho meses después tras retirarse todas las acusaciones contra él. Por estas y otras razones, tan enternecedor resulta escuchar a Putin apelar a la legalidad frente a los golpistas ucranianos, como a nuestros nacionalistas estableciendo candorosas comparaciones con Cataluña e invocando la voluntad de todo un pueblo. Este angelismo en las interpretaciones impide calificar de “ladrones en la ley” a quienes pretendían subvertir el orden constitucional en España por la vía de los hechos, hasta que Fainé, Lara y otros pusieron pie en pared.

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