LA BROMA DE VOX

LA BROMA DE VOX

Quizá causemos algún rasguño en el amor propio de los más susceptibles, o de los menos objetivos, pero se ha de reconocer que los medios de comunicación no están viviendo días de gloria en los últimos tiempos. Lo fácil es consolarnos pensando en una crisis que ha arrasado el elemento más débil, el papel, y así no adentrarnos en el terreno pantanoso de la pérdida de credibilidad. Como la libertad de expresión es sagrada dentro de los amplísimos márgenes que establece el ordenamiento jurídico, parece que el derecho a una información veraz va quedando relegado a un segundo plano. Es el tronco del árbol que no se ve, porque lo tapan las bolas brillantes y coloridas de la opinión, que da más juego y no está sometida a las estrecheces de la realidad. Las cosas como son: es más divertido llenar una crónica de adjetivos que limitarse a reproducir la rueda de prensa de un nuevo partido político. Hay ejemplos para no acabar, pero hoy me centraré en un chiste que cuentan algunos al estilo de Eugenio, o sea, poniéndose muy serios, y que está causando furor en determinados medios de comunicación que se califican a sí mismos de progresistas: VOX es un partido de extrema derecha. Y no se ríen, aunque la noticia de la muerte de Blas Piñar nos sirviera a la mayoría para enterarnos de que seguía vivo.

Ya conocemos hasta dónde se puede prostituir un concepto tan virginal como el de la memoria histórica, pero en este caso no necesitamos repasar documentales en blanco y negro. Por desgracia, es suficiente leer la sección internacional de esos mismos periódicos tan preocupados por el pedigrí democrático de un partido neonato, para descubrir en qué consiste la extrema derecha europea en el siglo XXI. Para no llenar el artículo de barbaridades, resumiremos su ideario en dos palabras: eurofobia y racismo. En países de larga tradición democrática y europeísta, aparecen líderes guapos y bien formados hablando, por ejemplo, de cerrar las mezquitas. Nada de verbo encendido y vibrante, ni puños cerrados sobre el atril. Una sonrisa beatífica para exigir la salida inmediata de la Unión Europea, más gasto militar y la expulsión masiva de inmigrantes. En algunos casos, esta ensalada de despropósitos se adereza también con toques de homofobia. Hay países civilizados en los que estos cafres han rozado el veinte por ciento de los votos emitidos.

VOX reivindica una identidad europea e iberoamericana, y propugna una reforma de la Ley de Partidos, de la Ley Electoral, la supresión de subvenciones públicas a partidos, sindicatos y organizaciones empresariales, y una reforma en profundidad de la Administración de Justicia que garantice su independencia. Hay que ir con cuidado con los calificativos porque con estas propuestas nos podemos topar por el camino con millones de fascistas en España que no saben que lo son. Pero todo esto da igual porque ya lo dice UPyD. El follón se arma cuando VOX pide la supresión del Estado de las Autonomías por considerarlo un modelo fallido, y aboga por sustituirlo por un Estado centralizado. A mi esto me parece un grave error, y además inviable en la España actual. El desmadre del gasto público y la inestabilidad del sistema provienen de un modelo competencial que la Constitución de 1978 dejó abierto, y que está sometido a una tensión centrífuga permanente e insoportable en un país serio. Y lo grave es que esa tensión no sólo la provocan los partidos nacionalistas, sino el dislate de los monagos y susanas llamados a la política para liberar a sus españas del yugo centralista. Es evidente que la solución no pasa por cerrar todos los parlamentos autonómicos, pero calificar de extrema derecha a quienes defienden un estado centralizado es no distinguir las amenazas de los auténticos salvapatrias del brazo en alto. España está hecha unos zorros, pero una de las pocas cosas de las que nos podemos sentir orgullosos en este país es de ver a Ynestrillas y sus secuaces fundando un partido nuevo cada cuatro años para ver si pescan algún voto fuera de su familia más cercana.

La visibilidad mediática que han obtenido los primeros pasos de VOX ha sido sorprendente teniendo en cuenta su cartel de presentación. A Santiago Abascal lo conocemos cuatro. A Ortega Lara muchos le tratan con una condescendencia nauseabunda: cualquiera se vuelve loco tras 532 días enterrado en vida, y es normal que no se haya recuperado del todo. Luego está una chica guapa que se saca fotos con unas gafas de sol que están muy de moda. Y por último Vidal-Cuadras, un hombre de gran categoría intelectual, directamente proporcional a su ego y a una concepción patricia de la política que resulta infumable en los tiempos que corren. Con este equipo batirán su plusmarca de votos en las próximas elecciones europeas, porque son las más propicias para dar un bofetón al gobierno sin que ocurra nada, y porque será la primera vez que se presenten. Luego ya veremos.

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