EL VIOLENTO DÍA DE LA MARMOTA

El pasado martes en Manacor le abrieron la cabeza a un escolta de José Ramón Bauzá cuando éste acudía a una reunión en la sede local del PP. Al día siguiente se produjo la “condena unánime” de esta agresión, seguida de sesudos análisis sobre las circunstancias políticas de nuestra comunidad, la actitud general del gobierno autonómico, sus decisiones en materia de sanidad y educación, y críticas a la “chulería”, la “prepotencia” y Ia “incapacidad para dialogar” del President. Sin heridos previos de importancia, la pedrada hace meses que se veía venir volando desde Sa Pobla, Felanitx, Inca, o la UIB, pero tampoco hay que exagerar. Lo importante, es la libertad de expresión y de manifestación, no un parell de exaltados que no representan a nadie. Me refiero a los que lanzaron objetos contundentes, no a los que escupían o vociferaban fills de puta a diez centímetros de la oreja de algunos integrantes de la comitiva popular, que esos estaban ejerciendo pacíficamente sus derechos constitucionales, porque ni los insultos ni los salivazos conducen a nadie a un hospital. Parece que es la puerta de entrada a Urgencias la que marca la frontera entre lo tolerable y lo indigno dentro del terreno de la confrontación política.

La portavoz parlamentaria socialista, Pilar Costa, ha pedido al PP “una reflexión sobre el clima de crispación que se ha instaurado en la sociedad”, como si éste fuera una masa de aire africano, abrasador, que eleva tanto la temperatura que a la gente no le queda más remedio que quitarse la ropa para soportarlo. La gomina de Bauzá, su obsesión sádica por jorobar gratuitamente a los enfermos recortando gastos sanitarios, y esa puñetera manía que le ha entrado por cumplir el programa electoral con el que ganó las elecciones, hacen que los más pasionales no puedan controlarse y pasen de la violencia verbal a la física. A mí esto me recuerda a aquellos ejemplares de macho ibérico (qué casualidad, uno de los símiles favoritos que esta tropa de acalorados aplican a Bauzá), que en los años del tardofranquismo veían pasar a una turista en minifalda y exclamaban: ¡Van como van, y luego pasa lo que pasa! Y es que aquí todos los que condenan la violencia son unas damas y caballeros democráticos que en la vida le tocarían el culo a nadie sin permiso, pero lo que tampoco se puede consentir es pasearse por la Part Forana con esas pulseritas, esos trajes entallados y esas políticas lingüísticas provocando a un personal que rebosa virilidad cuatribarrada y lleva mucho tiempo conteniéndose.

A mí me sorprende la insistencia de algunos en tomarnos por imbéciles a todos los demás, como si fuese muy difícil distinguir las legítimas protestas del personal sanitario contra los recortes, del aquelarre de extorsiones en que se está convirtiendo cada visita de Bauzá a una junta local de su partido. Contextualizar la intimidación por motivos políticos, sea por ignorancia, sea por mala fe, es una irresponsabilidad absoluta y una de las mayores perversiones a las que se puede llegar en un sistema democrático. La violencia en concentraciones públicas es un fenómeno expansivo por definición. Si está organizada no se puede hablar de exaltados o espontáneos, y si no lo está, en ningún caso existe un control sobre esas situaciones de creciente tensión. Pero hay una segunda razón infinitamente más importante aún para descalificar todos esos “pero” y “sin embargo” adosados a la condena, sincera o no, de un acto violento. Cuando se hacen declaraciones a los medios de comunicación, se opina en un periódico o se escribe en Facebook o Twitter, uno es responsable de lo que dice, claro, pero también del uso y la interpretación que se puede hacer de sus palabras. Horas después del bochornoso espectáculo de Manacor, Biel Barceló, del PSM, publicaba en su muro que “La reflexió que hauria de fer el govern de @JRBauza és perquè no poden anar a cap poble sense que els xiulin, perquè creen tanta crispació”. Lo dicho, van como van, y luego pasa lo que pasa. Seré un ingenuo, pero a mí me ha sorprendido esta indecencia en un político al que presuponía hasta ahora más sensato y con otro estilo. Y sinceramente, me gustaría pensar que a él también le han sorprendido muchos de los bárbaros comentarios que ha recibido de sus amigos, seguidores y votantes, con nombres y apellidos, justificando directamente y sin matices la violencia y la intimidación contra miembros del PP. Y quisiera saber si en el próximo Día de la Marmota a celebrar en cualquier pueblo de Mallorca, cuando en mitad del éxtasis protestante algún patriota descarriado vuelva a cambiar la “democracia” del insulto, el escupitajo y el huevo por el fascismo de la piedra, él sentirá un ápice de responsabilidad por su twitt.

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