BAUZÁ MACHO, ARMENGOL HEMBRA

Según la última encuesta del CIS, en mitad del huracán el PP baja cuatro puntos en intención de voto, los mismos que perdía en Enero, sólo dos meses después de ganar las elecciones. Esta botella, como todas, se puede ver medio llena o medio vacía. A mí, con la que está cayendo, me parece un descalabro muy moderado. Lo que no admite interpretaciones es el nulo provecho que obtiene el PSOE del cabreo colectivo. Lo ha reconocido el propio Secretario General del Grupo Socialista en el Congreso, Eduardo Madina, al declarar que los datos son poco esperanzadores para su partido. ¿Qué está pasando? ¿Cómo es posible que el PSOE no remonte algo desde la sima en que lo hundió Zapatero?

En esa misma encuesta los ciudadanos vuelven a situar a los políticos como el tercer problema del país, por detrás del paro y la crisis económica. Mariano Rajoy concede la semana pasada su primera y única entrevista a un medio de comunicación desde que es Presidente del Gobierno, y yo francamente me sorprendo al escuchar a un político que da la sensación de no importarle si gana o pierde las próximas elecciones: resignado a los palos, dice que va a seguir tomando las decisiones que considere mejores para el país. Si esto empieza a remontar a finales de 2013 o en 2014, mejor para su candidatura en las generales de 2015. Si la mejoría en la economía se retrasa, que se ponga la medalla el siguiente. Como planteamiento reconozcamos que es novedoso, casi revolucionario en España. Ese mismo día se anuncia un crédito multimillonario del Estado para salvar Bankia. A la mañana siguiente Rubalcaba dice que él hubiera hecho lo mismo para evitar una quiebra que afectaría a todo el sistema financiero español, y por la tarde el portavoz del PSOE en el Senado le suelta a Rajoy que ha quitado 10.000 millones de euros de la sanidad y la educación para dárselos a un banco. Son estos insultos a la inteligencia los que colocan el debate político en los niveles abisales de demagogia insoportable que luego confirma el CIS. Un día después de la boutade en el Senado, el PSOE apoya la nacionalización parcial del cuarto banco del país. Al borde del precipicio no queda espacio para las sandeces.

Se ve que en Balears algunos piensan que la cosa no es para tanto, porque hemos abandonado esas profundidades insondables para adentrarnos en el terreno de lo sicalíptico. Bauzá comparece en el Parlament para defender el Plan de Equilibrio Económico y Armengol le llama “macho”. Silvia Cano se apunta a la línea caliente de su jefa y apela en Twitter a la “virilidad” del President: un estilo y un nivel de crítica sólo al alcance de hembras liberadas, modernas, inteligentes y también sin complejos. Bauzá convoca a la oposición, que le pide que de marcha atrás en el cierre de dos hospitales sin ofrecer ni una sola alternativa plausible a corto plazo que evite la intervención de nuestra autonomía. Seguimos los primeros en la lista: Valencia pesa demasiado y jamás se empezará por el territorio Cospedal. Sólo nos podría salvar Murcia, donde existe un grueso colchón para amortiguar el golpe político porque el PP gana desde hace años con porcentajes de voto superiores al sesenta por ciento a un PSOE que ni está ni se le espera. Digo medidas plausibles porque a estas alturas reclamar dinero a Madrid es como exigir agua en mitad del Kalahari.

A pesar de la desesperación y el pánico ciudadano, no es creíble proclamar que lo fácil es cerrar hospitales. No, lo fácil es decir que al PP le sobran los enfermos mientras se manosea una caja de cerillas en un entorno tan inflamable en estos momentos como una reunión de personal sanitario. Lo fácil es declarar que hay otras opciones sin especificar cuáles y además protestar porque el gobierno no presenta otra propuesta. ¿No es al revés? Si el exconseller de Economía Carles Manera explicaba el jueves pasado en estas mismas páginas de opinión que ante una caída de los ingresos de mil millones de euros y para no subir los impuestos optó por incrementar la deuda pública, una solución que hoy es imposible, parece sensato concluir que es ineludible disminuir sensiblemente el gasto público. Lo constructivo y responsable para aparecer como una opción de gobierno creíble sería presentar un plan de ajuste concreto y cuantificado al detalle. A lo peor entonces no queda más remedio que proponer, por ejemplo, el cierre de IB3, y encontrarse de sorpresa con el apoyo del PP. Pero claro, eso sí que es difícil, y peligroso. Se arriesgarían a remontar en las encuestas y tener que abandonar los cómodos sofás tras las barricadas.

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