FEDERALISMO A BENEFICIO DE INVENTARIO

Está fea la autocita, pero hoy no me puedo resistir. Después de años recibiendo improperios por criticar el alquiler turístico masivo —especialmente en edificios plurifamiliares— uno celebra que muchos de los que aplaudían la fórmula se hayan caído del guindo. Desde una perspectiva liberal, a menudo el interés individual de miles de ciudadanos coincide con el interés general. Digo a menudo, porque no sucede siempre. 

A estas alturas, casi nadie discute el impacto del alquiler vacacional sobre el problema de la vivienda, y también sobre el incremento exponencial del número de visitantes en una comunidad turística como Baleares. Por lo tanto, bienvenida sea una modificación urbanística en Palma que, no sólo topa el crecimiento de nuevas plazas turísticas, sino que terminará por eliminar algunas de ellas.

Las cosas como son: ha sido una decisión valiente del Partido Popular y de su alcalde, Jaime Martínez, porque supone frustrar las expectativas de negocio de potenciales votantes. Un arrojo que no demostraron los dos alcaldes de izquierdas que le precedieron, Hila y Noguera, cuando el drama de la vivienda ya era una realidad para miles de palmesanos. 

Como ya he cometido el pecado de la autocita en el primer párrafo, entiendo que la penitencia será la misma si caigo en la tentación por segunda vez en la misma columna. El 1 de septiembre de 2024 opiné en esta misma página sobre la bochornosa deriva que estaba tomando el aeropuerto de Palma. Escribí por entonces acerca de «una publicidad abrumadora, de gran formato y escaso gusto, que contribuye a trasladar una imagen cutre, de destino chancletero en el que vale casi todo». 

No hace falta ser un experto en comunicación para intuir que, por debajo de los mensajes explícitos, funcionan los implícitos, muchos más potentes y duraderos en la mente del receptor. En aquella columna denuncié que, con su manera de gestionar el aeropuerto, AENA fomentaba una percepción de permisividad y sobrexplotación del territorio. Si alguien tenía dudas sobre la veracidad de esa afirmación, esta semana AENA ha despejado cualquier duda.

La polémica en torno a un anuncio gigantesco de Sparkasse —una red de cajas de ahorros y bancos regionales alemanes— demuestra el concepto de Mallorca que maneja el gestor aeroportuario. Dicen los portavoces de AENA que «el aeropuerto no genera demanda». Claro que no, zopencos, lo que genera es imagen del destino turístico, la primera y la más potente para el viajero desde el momentos en que pone un pie fuera del avión. No es necesario un razonamiento elaborado para entender que un slogan publicitario que juega con el título de una película perteneciente al género del «desmadre americano», induce a una idea contraria a la que persiguen los poderes públicos en Baleares desde hace años. En este caso sí, los de izquierdas y los de derechas. 

Es tan evidente que hasta el anunciante, aunque no comparte esa interpretación, ha mostrado su disposición a sustituir el cartel porque en ningún caso «pretende herir los sentimientos de los habitantes de la isla». Tiene bemoles que un grupo financiero alemán haya mostrado más sensibilidad que una empresa pública cuya mayoría de capital está en manos del gobierno de España.

No nos engañemos. Ya pueden los alcaldes de Mallorca prohibir o limitar el alquiler turístico. Ya puede el Consell insular perseguir las plazas ilegales o topar el número de coches de alquiler. Ya puede el Govern de Baleares trabajar en favor de un modelo turístico y económico que apueste por la calidad y el valor añadido en detrimento de la cantidad. En Mallorca existe una infraestructura pública que canaliza 85% de las llegadas a la isla. Si las instituciones locales no tienen nada que decir en la toma de decisiones estratégicas que afectan al aeropuerto, lo demás es hacer rayas en el agua. 

Yo defiendo un modelo estatal de gestión aeroportuaria que permita que los aeródromos rentables financien los deficitarios —hasta cierto punto— para que el país disponga de una adecuada red de transporte aéreo. ¿Es ese modelo compatible con el hecho de que los gobiernos autonómicos tengan voz en lo que afecta a sus políticas? Rotundamente sí, especialmente en el caso de los archipiélagos. Sólo se requiere una cierta altura de miras y lealtad institucional. Algo complicado cuando un presidente nombra ministros con el objetivo de hacer oposición a las comunidades. 

Llama mucho la atención esta indiferencia, que roza la chulería despótica, de AENA, un ente público dependiente de un Gobierno que habla de España como «nación de naciones», que es capaz de trocear la caja común de las pensiones o plantear modelos de financiación autonómica «a la carta». Un gobierno que tiene ministros que defienden un modelo de estado confederal. Sin embargo, si el Govern balear protesta por una publicidad desafortunada que va en contra de sus esfuerzos por mejorar la imagen del destino, o pide poder hablar sobre el número de slots en temporada alta, entonces el Gobierno de Sánchez se vuelve jacobino. Es la nueva aportación ideológica del PSOE, un federalismo a beneficio de inventario. 

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