TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A ROMA

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De vuelta de todo, el gran Jep Gambardella de “La gran belleza” se relaja en la terraza de su ático frente al Coliseo para concluir que “los mejores habitantes de Roma son los turistas”. Roma no tiene solución. En realidad no la ha tenido en los últimos dos mil años, y aún así resulta fascinante para el visitante, no tanto para sus vecinos. Aquí la cuestión no es morir de éxito, una estupidez tratándose de la Ciudad Eterna, sino de establecer el punto en que una urbe deja de serlo para convertirse en un museo donde los figurantes son los propios turistas. El ex-Presidente Zapatero pasó por el Smart Island World Congress celebrado en Mallorca para advertirnos del avance imparable del turismo con la siguiente predicción: hoy, mil millones de turistas viajan por el mundo. En veinte años, serán tres mil millones. ¿Cuántos nos tocarán a nosotros?

En el acto inaugural del primer congreso mundial para lograr unas islas inteligentes intervino el rector de la UIB, que quiso dar lustre al evento paseando por el estrado de oradores el prestigio de la institución que representa. Entre tanto, dos de sus catedráticos continuaban detenidos por comercializar desde el propio campus universitario pastillas milagrosas a precio de conferencia de ex-presidente. Solo el humor puede salvarnos. El mismo día que Zapatero evacuaba en Magaluf sus ideas sobre la globalización, Eduardo Mendoza recogía el premio Cervantes y pronunciaba un discurso plagado de bromas e ironía inteligente. El escritor catalán encuentra ese humor cervantino, tan liberador, no tanto en los diálogos como en la mirada del autor sobre el mundo. Entonces lo entendí todo. Nuestras islas sobrevivirán gracias a una visión cómica de cualquier asunto, por serio que pueda parecer.

Invitada por el digital mallorcadiario.com, la semana pasada nos visitó la Secretaria de Estado de Turismo, Matilde Asian, y a mi su charla me pareció un monólogo del club de la comedia, pero sin risas, porque la audiencia era educada. Estuvo un buen rato de palique, e incluso tuvo tiempo para hablar de unos blogueros británicos que van a explicar en el Reino Unido lo bonito que es España, para paliar los efectos del Brexit. Hasta ese punto de detalle pudo llegar. Pero la máxima autoridad política del Estado en materia de turismo no encontró oportuno dedicar un solo minuto de su intervención al problema más grave que afecta y va a afectar en los próximos años a nuestra comunidad: el alquiler turístico. Llegó el turno de preguntas, y entonces la señora Asian se quitó el traje de viceministra para ponerse el de luces: capotazo por aquí, media verónica por allá, todo para no afrontar una realidad tan preocupante en Balears, y para acabar diciendo algo que desmintió al día siguiente. No está previsto modificar la Ley de Arrendamientos Urbanos para evitar que se siga empleando como coladero legal.

Algunos creen que los únicos cómicos de este teatrillo son los políticos, pero humoristas somos todos. Ha pasado desapercibido el mejor chiste publicado esta semana por los medios de comunicación. Un estudio elaborado por la reputadísima UIB y encargado por la Agencia de Turismo de Balears concluye que los ciudadanos apoyamos el alquiler turístico. Según esta encuesta en Mallorca el 57% está a favor de esta forma de alojamiento. Como somos graciosos, pero no idiotas, la mayoría también reconocemos los problemas asociados a esta modalidad de negocio particular masivo: saturación, tráfico, colapso de infraestructuras, incremento de los precios, deterioro de la convivencia, ruido, vandalismo, dificultad de acceso a una vivienda, gentrificación… en fin, pequeños inconvenientes que no hay que dramatizar. Uno entonces deduce que debe existir un interés privativo que se ha generalizado y que ayuda a soportar tanta incomodidad colectiva… pero no. Resulta que sólo el 24% de la población reconoce que el asunto le beneficia personalmente. O sea, hemos convertido la máxima de Unamuno cuando proclamó “que inventen otros”, por la de “que alquilen otros”, sin importar las consecuencias. Estamos dispuestos a admitir todas esas desventajas por pura generosidad hacia una minoría. Ya puestos, si a mi me preguntara el encuestador de la UIB añadiría que mantengo una media de veinte coitos semanales.

Eduardo Mendoza es el gran cronista de una ciudad, Barcelona, que ha experimentado más cambios sociológicos en las últimas dos décadas que en todo el siglo XX. Mendoza sonríe amable desde la flema y la distancia que proporciona la inteligencia, que no el cinismo, y reivindica la figura del Quijote, “que estaba loco, pero él lo sabía”. Don Alonso Quijano aspiraba a correr mundo -ser un turista- y deshacer entuertos, como un buen político. Decía Elias Canetti que veces hay que estar loco para ser razonable. Por eso pediría a nuestros políticos, de todos los partidos, que alcanzaran un acuerdo de locos para ser razonables, y legislaran en contra de sus intereses electorales para deshacer el entuerto del alquiler turístico. Porque en este asunto, antes o después, todos los caminos llevan a Roma, y no querríamos sucumbir al cinismo y la indolencia de un vividor sin ilusiones como Jep Gambardella. Porque nosotros no tenemos un ático frente al Coliseo, ni siquiera frente a la Seo.

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