QUO VADIS GOB?

Hace un siglo un mallorquín genial desafió los cánones de la sensatez en la época para proyectar una carretera que no unía dos núcleos de población. Aquel loco maravilloso pensó que se podían construir vías simplemente para llegar a lugares de gran interés para el autóctono o el visitante foráneo. El ingeniero Antonio Paretti puso las primeras piedras del camino que llevaría a Mallorca desde una economía de subsistencia hacia la prosperidad del turismo en el último tercio del siglo XX.

Hoy a Paretti unos pocos lo querrían en la cárcel, o inhabilitado, o al menos cancelado en las redes sociales, por haber osado conectar Pollensa con la península de Formentor, un cul de sac paradisíaco que puso a Mallorca en el mapa del mundo durante décadas. El genio de Paretti, que también ideó la carretera de Sa Calobra, se juntó con el de otro visionario, Adán Diehl, que tuvo un flechazo instantáneo con aquellos pinos y aquella luz por culpa de Anglada Camarasa.

El siglo de vida del hotel Formentor sintetiza todos los conceptos que hoy la mayoría manejamos cuando hablamos de turismo de calidad. Para la minoría que preferiría ver aquel paraje en el mismo estado salvaje en que se encontraba cuando los mallorquines tenían que emigrar para poder alimentar a sus familias, debe resultar insoportable reconocer que esa historia de éxito comienza en la cabeza de un puta foraster. Diehl era argentino, culto, cosmopolita y millonario, pero no lo suficiente como para no arruinarse al cabo de siete años trasladando la bohemia y la joie de vivre parisina a Formentor, con todos sus amigos pintores y poetas alojándose de gorra en el hotel.

Esta y otras historias se recogen en un documental exquisito que se estrenó hace dos años. Formentor, el mar de las palabras es una sucesión de planos deslumbrantes que discurren un entorno natural único en el mundo, salpicada con centenares de fotografías de visitantes ilustres. La nómina de sus clientes más famosos es bien conocida, pero a mí la imagen que más me impactó fue otra.

Es legendaria la falta de motivación del mallorquín medio para manifestarse masivamente en las calles a favor o en contra de cualquier causa o persona. Salvo en contadas ocasiones la mayoría de la gente permanece darrera sa roca, una tendencia mucho más acusada en los pueblos. Pues bien, tuve que pausar el documental porque no daba crédito a la imagen de la plaza del Pollensa abarrotada un día de febrero de1934 para despedir a un matrimonio argentino en bancarrota. Elena y Adán Diehl regresaban a Buenos Aires con pasajes de tercera clase sufragados por los vecinos, muchos de los cuales habían podido abandonar sus penosos trabajos de subsistencia en el campo para ganarse la vida holgadamente en el hotel Formentor.

Porque ese es el tercer factor que explica el éxito del establecimiento. El primero, ya mencionado, su ubicación en un enclave de belleza prodigiosa. El segundo, su permanente relación con el mundo de la cultura, el arte y la intelectualidad. Y por último, un personal atento y cualificado que siente un vínculo afectivo con el hotel que va más allá de un lugar de trabajo.

La batalla contra la reforma del hotel Formentor alumbra actitudes que tienen poco que ver con cuestiones jurídicas o de defensa del territorio. Los argumentos del GOB traspasan de largo el posible incumplimiento de una norma urbanística para adentrarse en el terreno de los juicios de intenciones y la difamación, aunque luego reculen ante un juez. Su discurso viene aderezado con un toque xenófobo porque el capital inversor es extranjero. Esto último es un añadido gratuito, porque sospecho que la familia Barceló vendió en 2020 el hotel a la cadena internacional de lujo Four Seasons precisamente porque intuía el calvario político, mediático y judicial que habría de pasar para afrontar una reforma que hiciera económicamente viable su explotación en el siglo XXI.

Con su radicalidad el ecologismo en Mallorca está perdiendo por completo el pulso de la sociedad mallorquina. Los comentarios que hoy se leen y se escuchan sobre el GOB eran impensables hace solo unos años. Por supuesto que se debe controlar por la Administración la ejecución de unas obras de esta envergadura, las haga quien las haga, pero la agresividad de sus escritos y declaraciones traslucen un afán persecutorio hacia cualquier cuestión relacionada con el turismo que los sitúa en la marginalidad. Una organización que se arroga con tanta frecuencia la portavocía del pueblo y del interés general podría preguntar a los vecinos de Pollensa si quieren o no en su municipio un hotel de gran lujo abierto once meses al año.

Peter Ustinov, uno de los ilustres clientes habituales del hotel Formentor, fue candidato al Oscar por su papel de un enloquecido Nerón en sus últimos años como emperador de Roma. Ante esta polémica desquiciada -que contradice cualquier discurso sobre un turismo que aporte valor añadido- lo imagino removiéndose en su tumba y preguntándose: Quo vadis GOB?

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