POLITICAMENTE DESEABLE

En este mundo de apariencias a menudo renunciamos a ir más allá de la epidermis de los personajes públicos. Y más si esos personajes muestran un comportamiento o desarrollan un discurso que no es de nuestro agrado. Cayetana Alvarez de Toledo desprende a primera vista una altivez que para una parte de la opinión pública supone motivo suficiente no ya para criticarla, sino para desconectar por completo de sus palabras. Deben de interpretar que una barbilla elevada y una nariz que apunta al cielo terminan por vaciar el cerebro, como si en esa postura patricia las ideas desaguaran de la cabeza por la nuca. 

A mi me da igual su timidez en la distancia corta, cómo acaricia la melena de sus hijas o la manera de relacionarse con sus amigos en privado. Quiero decir que estas son cuestiones irrelevantes a la hora de analizar un discurso, su coherencia y su calidad intelectual, que es lo que hay que hacer con los políticos que dedican su tiempo a algo más que tuitear o hacerse fotos. En este sentido, se debe reconocer que el alegato de Alvarez de Toledo en defensa de la democracia liberal es difícil de rebatir. 

El lunes pasado la diputada del Partido Popular estuvo en Palma presentando su libro “Políticamente Indeseable” invitada por Sociedad Civil Balear y el Círculo Mallorquín. Dejó pequeña una sala con capacidad para más de 400 personas a la misma hora que las estrellas del  Real Madrid le hacían un roto al Mallorca en Son Moix. Este poder de convocatoria coloca a Cayetana a un nivel galáctico, y por eso merecía la pena analizar in situ aquella audiencia. A ojo de buen cubero -y seguro que mejoro los porcentajes de acierto del CIS de Tezanos– barrunto que tres de cada cuatro de los asistentes al acto más entusiastas están pensando en votar a VOX. 

Este pronóstico viene confirmar la teoría según la cual una ínfima parte de las personas que asisten a la presentación de un libro lo ha leído previamente, algo que normalmente juega a favor del autor a la hora de firmar ejemplares. Más allá de la paja del libro que tanto juego ha dado en los medios de comunicación -las peleas internas, la “teodocracia” y el barro genovés que describe CAT con profusión de detalles- el grano del texto recoge una avalancha de argumentos que refutan por completo las dos ideologías que hoy intentan demoler desde dentro las democracias liberales: el populismo y el nacionalismo. 

Alvarez de Toledo explica con un rigor intelectual apabullante por qué esos dos movimientos son incompatibles con una sociedad de individuos libres e iguales. Y va más lejos cuando afirma que  el antídoto al populismo de izquierdas no es el populismo de derechas, y el antídoto al nacionalismo identitario vasco o catalán no es el nacionalismo identitario español, o sea, lo que proclama VOX. Ya digo que si algunos asistentes hubieran leído antes el libro ciertos aplausos hubieran sido menos entusiastas. 

El fichaje de CAT por el partido de Abascal es el sueño de muchos simpatizantes de VOX, que suspiran por políticos que se rebelen sin complejos ante la falsa superioridad moral de la izquierda. Pero Cayetana demuestra que esa denuncia del “tablero inclinado” puede hacerse sin tontear con el populismo, ni con ideologías identitarias, ni con ciertas formas de xenofobia.

En el acto Cayetana conversó con Xavier Pericay, un hombre cuya talla intelectual y talante personal son hoy reconocidos por la mayoría de sus antiguos adversarios políticos. Escuchando a Pericay fue imposible no recordar su abrupta salida de Ciudadanos. Un partido minoritario que prescinde mediante turbias maniobras de una inteligencia como la de Pericay solo puede estar llamado a su extinción. Era cuestión de tiempo. 

El PP no se va a extinguir, pero si un partido de centro-derecha con vocación de gobierno no es capaz de integrar una voz liberal tan potente y articulada como la de CAT, se puede ir olvidando de esa amplia mayoría a la que aspira. Para empezar quedará más expuesto al desgaste de VOX, porque millones de votantes de Abascal no van a leer un libro de 500 páginas, ni siquiera este artículo. En España los carnets de moderación no los pueden repartir partidos como Podemos, ERC o Bildu. Feijóo, que es un político tan inteligente como CAT, debería encontrar un espacio en su organigrama para esta mujer de verso suelto, pero políticamente deseable.

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