AYUSO ES MBAPPÉ

Cuando arranca da miedo. Sus dos primeras zancadas anticipan el frenesí de un gol aunque agarre la pelota a cincuenta metros de la portería. Si te embiste un búfalo intentas esquivarlo, o te arrojas al suelo para minimizar el atropello. Pero si el búfalo juega al fútbol y tú eres defensa del Real Madrid esa opción no es válida. No hace falta ser Mateo Alemany para comprender que esa combinación perfecta de potencia física, técnica, velocidad y definición ante la portería en un chaval de 21 años anticipa una década de dominio del fútbol mundial. Gracias Messi y Cristiano, bienvenido Kylian Mbappé, un chico que a sus cualidades deportivas añade en las entrevistas una sonrisa entre tierna y tímida mientras habla un español casi perfecto. O sea, que además cae bien.

¿Qué hacer frente a Mbappé? Descartada la resignación en un equipo ganador, si quieres neutralizarlo te quedan dos opciones. Lesionarlo o ficharlo. La primera posibilidad es sucia, cortoplacista y tramposa. La segunda es más complicada, y sobre todo más cara. Pero Florentino sabe que ordenar romperle un ligamento al astro francés quizá podría significar no perder un partido, pero nunca ganar en buena lid. Y que el coste reputacional de esa acción violenta para la institución que preside sería muy superior al beneficio de pasar una eliminatoria de Champions. Es preferible seducir a Mbappé, ficharlo y convertirlo en protagonista de un proyecto deportivo que, más allá de un sueldo astronómico, le permita ganar no una Champions, sino varias en los próximos años. 

En política, los goles son los votos. Y en Madrid, aunque les martirice a sus adversarios y con todas sus carencias, Ayuso es Mbappé. No solo ha goleado a toda la izquierda, sino que encima saluda y la gente le sonríe por la calle, incluidos muchos de los que no le han votado. En los últimos cuarenta años la derecha en España ha presentado candidatos con mucha más formación que Ayuso, con mejor oratoria y con más experiencia de gestión. Pero ninguno, ni de lejos, con el carisma de esta mujer, sea lo que sea eso del carisma. 

Florentino Pérez es un líder, con muchos detractores, pero un líder. Por eso va a intentar fichar a Mbappé, si es que no lo ha fichado ya. En las escuelas de negocios, tan pomposas en su terminología, a este rasgo del liderazgo le llaman “capacidad para atraer talento”. Es una aptitud que no todo el mundo posee. He conocido personas poderosas que espantan la inteligencia a su alrededor, y otras que funcionan como un imán capaz de captar cualidades ajenas de las que carecen. 

Casado ha renunciado a fichar a Ayuso para su equipo. Era la decisión más lógica, y la que todos sus afiliados y simpatizantes esperaban. Porque Ayuso mete goles y el Partido Popular anda escaso de delanteros con tanto olfato en el área contraria. Solo tiene otro candidato con ese capacidad de definición el día de las elecciones, que es Feijoó. Pero Casado ha optado por permitir a su defensa central que intente partirle la pierna a Ayuso en un entrenamiento -porque en realidad juegan en el mismo club- con las cámaras retransmitiendo en directo la acción violenta ante la mirada atónita de los aficionados, los de su club y los del rival, que no dan crédito a una entrada tan salvaje. 

El hermano de Ayuso ha estado más de dos décadas trabajando como comercial en el sector sanitario, y lleva catorce años importando material sanitario desde China. Colocado el listón de la ejemplaridad a según qué altura, tras las últimas elecciones autonómicas a este hombre solo le quedaba despedirse de su profesión en Madrid y montar una cafetería en Fuengirola. El presunto caso de corrupción estaba tan cogido con pinzas que la oposición de izquierdas ni siquiera acudió en su momento a la Fiscalía ante la falta de pruebas. Tuvo que saltar al campo uno de su equipo, Teodoro, para cazar por detrás a una Ayuso que se iba sola a portería, como Mbappé. 

García Egea se ha colocado en disposición de disputar a Pedro Sánchez el título de político con menos escrúpulos de España. En las horas más negras de la trifulca por el poder en el PSOE, ni siquiera Sánchez se atrevió a emplear los milmillonarios ERES de Andalucía contra Susana Díaz, ni a aventar los turbios rumores sobre su marido, ni a contratar detectives para husmear en su entorno. Con permiso de Casado y por increíble que suene, en la batalla por controlar un partido de manera tiránica Egea ha superado a Sánchez.

Siendo el Presidente del PP Casado cedió todo el poder interno a García Egea. La gestión despótica del murciano ha debilitado su liderazgo hasta límites inauditos teniendo en cuenta la coyuntura del país y el ciclo electoral favorable que se estaba encontrando. Al margen del estilo tabernario de Egea, lo que no debería perdonarle Casado a su Secretario General es la inmensa torpeza de haberle colocado frente a Ayuso -y volvemos a las escuelas de negocios- en una situación no-win. Porque pase lo que pase, haga lo que haga, Casado pierde. Y esto, en cualquier organización, acarrea el despido fulminante del responsable del desastre. 

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