MATAR AL PADRE

Está decepcionada la opinión pública que aboga por la Tercera República en España porque el Rey pasó de puntillas sobre su padre en el discurso de Navidad, sin pisarle la cabeza con ambos pies como se merece. Critican que Felipe VI se quitara de encima con una sola frase el asunto de los escándalos fiscales del emérito, cuando podía haberle dedicado un buen rato del prime time televisivo.

Con lo fácil que es hablar claro para que todo el mundo te entienda. Como hizo por ejemplo Pedro Sánchez al presentar una moción de censura con un único punto en su programa de gobierno: la convocatoria inmediata de elecciones. Todos le entendimos a la primera, pero tardó un año en convocarlas. Tras esas elecciones fue diáfano con sus palabras para explicarnos que no pegaría ojo con Pablo Iglesias en su gobierno. Nos pusimos en su piel, y sufrimos por su posible insomnio. Aún más contundente fue su discurso cuando repitió cien veces que no pactaría con independentistas para ser presidente, y mucho menos con Bildu. A este y otros temas Sánchez les ha dedicado muchas palabras y tiempo en televisión. Fueron afirmaciones que no admitían interpretaciones, pronunciadas con énfasis, puño cerrado y mandíbula apretada, para que no nos quedaran dudas. Pablo Iglesias también empleó muchas palabras en entrevistas y en mítines para explicar por qué nunca se iría a vivir fuera de Vallecas si llegaba al poder. A pesar de tanta transparencia, llegaron los gemelos y comenzaron las estrecheces.

Sánchez e Iglesias son dos de los que preferirían que el Rey hablara más de su padre. Para matarlo, claro. Pero en política ese asunto de la supervivencia propia apuñalando al antecesor no debe estar tan claro. Sánchez no enmienda la plana jamás a un Zapatero que va por el mundo defendiendo lo indefendible para un demócrata: la dictadura de Maduro en Venezuela. Iglesias anda glosando en Youtube las virtudes de todos los padres del comunismo, incluyendo genocidas. El nacionalismo catalán no encuentra palabras para juzgar a Jordi Pujol, maestro de comisionistas y mentor de una dinastía familiar mucho más exitosa que los Borbones en cuestiones fiscales. Del bufón Puigdemont y del títere Torra solo se mofan en privado. En el PNV no tiene tiempo de revisar los textos xenófobos de su fundador, Sabino Arana. Y en Bildu, los ahora expertos en memoria histórica y franquismo no tienen reproches que hacer a la colección de carniceros de ETA que amamantaron desde Batasuna, su madre política. Estos son los que critican a Felipe VI por no hundir la daga a fondo sobre su padre, para que salpique más. 

Tengo escrito que las palabras hacen cosas. Por eso pienso que la palabra, oral o escrita, es importante y conviene no emplearla en vano. Como el debate político no está hoy para estas honduras filosóficas, es preferible centrarnos en unos hechos que construyen realidades de manera menos simbólica que las palabras. Hasta ahora Felipe VI ha renunciado públicamente a cualquier herencia o beneficio económico familiar que pudiera tener un origen dudoso. Ha retirado a su predecesor en la jefatura del Estado cualquier asignación económica con cargo a los presupuestos públicos. Le ha conminado a residir en un país extranjero para no perjudicar a la institución monárquica. Y por último le ha disuadido de regresar para pasar la Navidad con una de sus hijas y dos de sus nietos. Vamos, lo normal entre padres e hijos, y más cuando son reyes si has podido ver Juego de Tronos. Pero al parecer palabras ha habido pocas: ni le ha llamado defraudador ante las cámaras, ni le ha acusado de ser un comisionista, ni le ha reprochado los cuernos a su madre… Una decepción muy grande, sobre todo para aquellos que querrían ver a Felipe VI viviendo con su padre en Abu Dabi. 

En estos momentos, el debate entre monarquía y república en España es un perfecto Macguffin, un elemento de distracción para que la gente deje de preocuparse por tonterías como encontrar  trabajo, dar de comer a tus hijos, cobrar el ERTE o poder abrir la puerta de tu negocio. Para comprobarlo solo hay que escuchar a una diputada de Unidas Podemos en el Parlament de Baleares, declarando que echa de menos “una condena explícita del Rey de las presuntas conductas delictivas de su padre”. Las palabras “condena” y “presuntas” en una misma frase resumen el nivel de cretinismo en una polémica que está convirtiendo en monárquicas convencidas a personas que nunca lo fueron tanto. Yo mismo. 

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