EL ROMANTICISMO Y EL FEMINISMO MENTIROSOS HACEN MUCHO DAÑO

            Tengo unas amigas que celebraron San Valentín por todo lo alto. Las seis están casadas, pero se pegaron una buena fiesta en grupo, con sus maridos en casa poniendo lavadoras. Habían quedado hace días, y se dieron tiempo para ellas esa noche sin conocer aún el impresionante despliegue publicitario que financió el Consell de Mallorca, o sea nosotros, el pasado jueves 14 de Febrero. La Dirección Insular de Igualdad tapó las portadas y contraportadas de todos los periódicos que se editan en papel con cuatro páginas completas en color reproduciendo el slogan de su campaña: regala igualdad. Esta sin duda constituye una excelente noticia, sobre todo para las famélicas cuentas de resultados de los diarios convencionales, cuyos números rojos habrán experimentado un considerable alivio. Para que se hagan una idea aproximada del coste de estas inserciones, campañas de tal magnitud a nivel estatal las han podido pagar empresas privadas como Volkswagen o Banco Santander, o alguna de las principales comunidades autónomas para hacer promoción turística.

            A uno se le ocurren mejores ocasiones y motivos para ese dispendio en comunicación, pero el feminismo radical tenía que aprovechar lo que le queda dentro del convento del Consell para tirar la casa por la ventana. Esta es la tercera campaña consecutiva que montan para desmontar San Valentín, y en este sentido hay que reconocer que han ido mejorando. En la de este año ya dan permiso a las mujeres para salir a cenar y recibir regalos, aunque poniendo condiciones: que los maridos pongan lavadoras. En el argot publicitario, el targetde la campaña son esas pobres desgraciadas que aceptando un ramo de flores dan por hecho que consienten a sus parejas que les revisen el móvil, a menos que se lo adviertan en el momento de oler las rosas. Lo que yo quisiera saber es cuántas de esas mujeres coaccionadas hasta ese punto leen hoy periódicos de papel.

            Ya digo que la cosa se ha ido suavizando. Tiene razón la Directora insular de Igualdad, Nina Parrón, cuando en una entrevista en el diario Ultima Hora dice que “el primer año casi me queman en la hoguera por bruja”. El off the recordme impide reproducir los exabruptos que proferían en privado algunos compañeros y compañeras de su propio equipo de gobierno cuando vieron en los medios su campaña de 2017, que relacionaba directamente y sin matices el romanticismo con la violencia de género.

            No recuerdo haber celebrado nunca San Valentín con mis parejas, y si lo hice alguna vez no debió ser para tirar cohetes, porque lo he olvidado. Sí recuerdo haber estado nervioso por una cita, ilusionado con una relación, y también tener dificultades para concentrarme en el trabajo después de haber conocido a alguien especial. Lo normal, digo yo, salvo en el caso de las feministas radicales, que entiendo que en la primera cita romántica ya te sacan el tema de las lavadoras y la necesidad de tener tiempo para ellas. Con la edad se aprende que el vuelo de las mariposas en el estómago es de corta duración, y que una relación estable se construye con otros mimbres. Que la felicidad en pareja tiene más que ver con el respeto y el compartir una parte de tu espacio interior que con las flores y los regalos. Pero es bonito recordar el primer beso, y tratar de repetirlo de vez en cuando.

            Esto lo sabe la mayoría de personas sensatas, hombres o mujeres, que circulan por el mundo. Sin embargo, el feminismo radical se gasta la pasta de todos nosotros en decirle a las mujeres cómo tienen que amar y qué tienen que contestar si les hacen un regalo por San Valentín. Si la señora Parrón considera San Valentín una tontería porque ella “celebra el amor muchos días al año”, ¿el mensaje de las labores domésticas y el tiempo libre sin su pareja no le cabe en todos esos días? Al parecer no, porque el momento más adecuado del año para dar esa lección paternalista a las mujeres es el día de los enamorados.

            Parrón se declara muy orgullosa de los resultados de sus campañas estos tres años, pero en 2018 solo la Policía Local detuvo en Palma a dos personas cada tres días por agredir a sus parejas, un 1% menos que en 2017. Dice Parrón que el tiempo le ha dado la razón, la pena es que las cifras digan lo contrario. Para esta señora “el romanticismo mentiroso hace mucho daño”, y yo estoy de acuerdo. Igual que el feminismo mentiroso.

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